True Detective: Final de Temporada

“Nada se pierde con vivir, tenemos

todo el tiempo del tiempo por delante

para ser el vacío que somos en el fondo”

Enrique Lihn

El Domingo pasado HBO transmitió el último episodio de esta primera temporada de True Detective, un final sorpresivamente esperanzador a pesar del cual me ha costado mucho sacar este post. Básicamente, porque la serie crea un  ambiente tan exquisito que dan ganas de visitarlo una y otra vez, de no desconectarse, y estuve aplazando el visionado del final porque no quería despedirme.

Carcosa
Carcosa

También, y al igual que pasó con Twin Peaks, muchos reconocen a True Detective como una serie paradigmática en tanto logra “adaptar” al formato televisivo cierta maestría y dominio del lenguaje audiovisual antes atribuidos exclusivamente al espacio del cine, imponiendo otro ritmo (aunque esto es algo que también vimos en Breaking Bad) y otra visualidad alejada de la “evidencia empírica” que usualmente asfixia al género. Twin Peaks fue un claro ejemplo de que el tránsito entre la gran y la pequeña pantalla no es tan drástico como parece, al ser extraña y perturbadora -como toda la obra de Lynch- sensual, graciosa y profundamente aterradora, una serie que se dió el lujo de interrumpir la lógica deductiva con la superstición y la intuición y que propuso que el mal puede tomar múltiples formas, que más que una persona en particular se trata de un síntoma, del que Bob y la Black Lodge no eran sino una pequeña parte, del mismo modo True Detective nos muestra esta lucha inmaterial entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad como finalmente concluye Cohle.

La amenaza invisible de este monstruo que es The Yellow King, imperceptible para la mayoría pero no para la lucidez “maldita” de Rust Cohle y su familiaridad con el pensamiento del declive, la filosofía del devenir y las teorías del eterno retorno, entregado a esa “experiencia de la locura” de las que nos habló alguna vez Nietzsche. Asimismo, y como bien relataron en este artículo de OI9, True Detective hace referencia al universo que Chambers relató en la serie de cuentos que reúne su “The King in Yellow”, obra que inspiró a múltiples autores a través de los años, incluyendo a Lovecraft, y de la cual la serie de HBO extrae la oscura locación que es “Carcosa”, junto con la figura de The Yellow King y las constantes alusiones a su “ascenso” y la caída de las máscaras.

Jesús-Rust, sorry Jared
Jesús-Rust, sorry Jared

Pero sin duda su mayor virtud no recae en las teorías que expone ni en las referencias nominales, sino en que nos permite “vivirlas”. Y, tal como comenté en un post anterior, para que la serie logre transmitirnos la viscosidad del ambiente, esa -como diría Enrique Lihn- “mixtura del aire en la pieza oscura”, se necesita mucho más que una buena historia, se requiere cierto manejo de las formalidades del medio, y en este sentido, True Detective, al es la prueba que la “sensibilidad artística” no es incompatible con este formato. Pero, a diferencia de lo que le ocurrió a Nietzsche, a los personajes de Chambers y a Dale Cooper, True Detective tiene un final feliz, o mejor dicho, esperanzador, (spoilers) en el que el reflejo de un maltrecho Rust Cohle en la ventana del hospital nos recuerda el ascenso de Cristo, lo que tiene sentido considerando que The Yellow King lo llamó “pequeño sacerdote”, y en su conversación final con Marty reconoce que al final de esta historia, que es la única historia que el hombre a contado jamás; la lucha entre la luz y la oscuridad, Rust siente que la luz es la que está ganando.

Un final por decir lo menos, sorpresivo, que opta por la redención esperanzadora antes de esa transvaloración de todos los valores, como comenté antes, quizá por un honesto optimismo de los autores o quizá por lo difícil que es atreverse con un final devastador -como el de Dale Cooper-, cuestión que sólo sabremos cuando tengamos en frente su segunda temporada (cuya existencia ya fue confirmada por la cadena), pero que esperemos no sea sólo por la tiranía de los happy endings.