El verano sin hombres, de Siri Hustvedt

Los escritores actuales. No todos van a pasar a la inmortalidad, y no existe nada como una etiqueta de legitimidad absoluta en la portada de un libro, ni aunque sea el más clásico de los clásicos, ni aunque escriba bien, harto y sea guapísimo el autor. Pero, si es que hay una cualidad que comparten todos los autores contingentes, actuales y clásicos, es que nos transportan a realidades otras y, sin embargo, familiares. Conocidas. Comunes.

 

El verano sin hombres, de Siri Hustvedt, una realidad diferente pero conocida.

 

En el caso de El verano sin hombres, de Siri Hustvedt, estos puntos en común son los que construyen la novela. Una escritora, que parte por sufrir una separación con su marido (Boris) y termina revisando si lo acepta de nuevo en casa, después de una estadía en la casa de orates (ella), el acoso y más tarde amistad con un troll de internet, un taller literario en donde la cuestión proclamada parece ser que se escriba de cualquier tema, de lo que uno desee (la página lo aguanta todo), ahí además cabe una metáfora de ello, situando un rollo del bullying y de otras realidades de pequeñas mujeres, como el primer amor, la regla, el pelambre, las mentiras, el protagonismo, la envidia, la competencia y hasta la brujería.

Hustvedt propone algo evidentemente muy placentero, acorde, también, a sacar un segundo libro después de que el primero fuera tan exitoso, y que todos los escritores deseamos hacer, aunque nuestro lector interno quiera prevenirnos, un lector que queda contento cuando lee libros como este, prueba de que se puede escribir lo que uno quiera y leer con suma satisfacción. Trabajo estético que no deja de ser trabajo, fábula, proyecto y propuesta, existe un argumento, los personajes no están quietos. No es, indudablemente, una novela de aventuras (Boris aparte) ni necesariamente un drama o una novela exclusiva para mujeres o para convertirse en película para mujeres (que quieran tomarse el derecho a la revancha de llevar a sus novios a ver, esta vez, una película más bien para mujeres). No, fue sensacional ser un hombre leyendo de este Verano, ojalá sea todo un año sin mí y los que se me duplican, en la lectura.

Esto es de hecho mi proyecto en 2020: leer únicamente a mujeres. El escritor Andrés Olave discutía, con las listas de lectura a la vista, que los hombres leemos hombres y las mujeres leen hombres y mujeres, pero no pasa lo mismo al revés. Y tuve la suerte de encontrar como punto de partida El verano sin hombres.

Desconozco si hay en este relajo de libro defectos, en lo que respecta a su funcionamiento interno, o, por ejemplo, si le podría pedir algo más. ¡Pero sí, lo hay! No es mi libro favorito. No podría ser mi libro favorito. De mí mismo no me dice gran cosa, ni como hombre ni como persona. En la novela hay hombres, pero son hombres incapaces de destacar, lo que no es lo mismo que no hayan, y eso es bastante misándrico de su parte, de parte de la autora. De modo que ahora voy a buscar escritoras mujeres con un poquito más de proximidad con mi ser cultural. La misandria en un libro tampoco me destroza el alma (lo puede hacer físicamente, que es mucho peor, y a decir verdad yo también detesto a muchos hombres), lo relevante son los temas, quiero leer a una mujer que tenga algo que ver conmigo y que pueda revelar algo de mí que no me parezca ajeno. Y es un argumento en contra de la tesis, finalmente, o a favor de su total equilibrio: dentro de los temas en común, los hay y no los hay, o los hay pero no son realmente comunes. O, ¡cresta! Qué manera de haberlos. Pero hace falta más y mejor.

Así que a seguir leyendo, a seguir buscando y andando este año en la tabla de surf que es la portada de un libro de mujer. Y ojalá seguir teniendo suerte.

 

Comentario por Maori Pérez.