The Sinner: Una Inestable 2° Temporada

El gancho inicial de The Sinner, y responsable de su repentino éxito, era la promesa de descubrir por qué una joven madre interrumpe un idílico paseo familiar para apuñalar en múltiples ocasiones a un extraño en la playa. Un pequeño giro que junto a un guión inteligente e interpretaciones intensas lograron aportar su granito de arena al saturado sub-género policial y llamar nuestra atención lo suficiente como para permanecer atentos durante su segunda temporada.

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Ocho episodios fueron suficientes para resolver el misterio del ataque de Cora Tannetti (Jessica Biel), conservando la misma extensión pero centrándose en un caso distinto la 2° temporada de The Sinner mantiene como hilo conductor al mismo amable detective responsable de que Tannetti recibiera un juicio justo. Esta vez Harry Ambrose (Bill Pullman) regresa al pueblo en que creció para investigar el doble homicidio cometido por un niño de trece años. Su experiencia le advierte que hay más que simple “maldad” tras las motivaciones de Julian (Elisha Henig), y que una explicación satisfactoria al horror se encuentra posiblemente en Mossgood, la comunidad tipo culto en la que ha crecido.

Ambrose pronto sospecha de Vera (la impecable Carrie Coon), la madre de Julian y actual líder del colectivo. La presencia de un monolito y la alusión a intensas sesiones de “terapia” sumado a la desaparición del antiguo cabecilla y fundador del grupo son todas razones de peso para esperar una densa aproximación a la catastrófica mentalidad de culto y la vulnerabilidad de la que se alimenta. Y en sus momentos más fuertes, The Sinner logra asomarse a la mixtura de emociones complejas que dirigen a sus protagonistas pero lamentablemente sucumbe a las ambiciones de un guión que busca más su propia gloria.

En términos narrativos, la motivación de Julian queda clara casi al comienzo de la temporada. Despejado entonces el qué y el porqué, la serie se involucra en los conflictos no resueltos del propio Ambrose y al mismo tiempo intenta probar que el mal no es exclusivo de los lugares perversos que esperamos sino también habita en nuestros propios hogares. Una máxima interesante aunque explotada -con bastante mejor manejo- en Twin Peaks y varios otros clásicos.

the sinner - carrie coon

Cuando se les da un espacio a sus protagonistas para explorar las manifestaciones (y represiones) de sus conflictos, es cuando la temporada alcanza sus mejores momentos. Tristemente, se trata de fragmentos esporádicos dentro de una temporada que quiere contar mucho para parecer muy inteligente. En este sentido The Sinner le niega a personajes eso que Sharp Objects les da de sobra a los suyos: libertad para habitar los planos, las escenas y su propia historia conforme a sus necesidades y no a los mandatos del guión. Robándonos de la experiencia de olvidar los hilos que los mueven.

Tampoco se trata de un texto que se visibilice a propósito en una especie de reclamación brechtiana que nos invite a cuestiones nuestro rol pasivo como espectadores. No, se trata más bien de un guión que allí donde se cree rupturista no hace sino poner en evidencia las costuras de su fórmula. Reduciendo a sus personajes a meros peones que movilizan la historia. Las situaciones conmovedoras o trascendentes para sus protagonistas son tratadas con efectismo, diluyendo la fuerza de las interpretaciones.

The sinner - temporada 2

En su episodio final se revela la importancia de una corporación fantasma que realiza pagos mensuales a Mosswood. La empresa en cuestión, Dédalo (en directa referencia a la mitología clásica) juega un rol clave en el trágico desarrollo de la historia de Julian. Pero la resolución final del niño (spoilers) que cansado de correr y entendiendo a la perfección cómo los crímenes del pasado han manchado a su familia decide hacer frente a los cargos que se le presentan, sugiere algo distinto. Si tuviéramos que elevar un paralelo entre Julian y los mitos griegos, o entre The Sinner y estos últimos, el niño se acerca más a la dicotomía que enfrenta Orestes que debe hacer justicia a la muerte de su padre pero para ello debe volver a ofender a los dioses asesinando a su madre, quedando atrapado en el círculo del miasma.

Este es el gran conflicto de la segunda temporada, forzar paralelos para engrosar un sentido que no termina de encajar. En su entrega anterior, la tragedia de Cora tenía -sin necesidad de hacerlo evidente a través de los diálogos- una cercanía con los relatos antiguos. Al final se trataba de pequeños humanos dando lo mejor de sí mismos para sobreponerse a la adversidad no pudiendo, sin embargo, escapar al dolor. Recordándonos el poco control que llegamos a ejercer sobre nuestros destinos.

Esta 2° temporada cuenta con todos los elementos para revivir esa sensación de futilidad y al mismo tiempo entregar un show entretenido. Pero su necia insistencia en probar su ingenio le hace pasar por algo los pocos momentos genuinos que viven sus personajes y que en última instancia revelan más que las calculadas premisas forzadas que dirigen el relato. Probablemente los dos momentos clave de toda la temporada estén en su episodio final: la escena en que Julian enfrenta a su madre y ésta comprende la necesidad de autodeterminación de su hijo; y la escena en que Harry enfrenta por primera vez la culpa que arrastra desde su infancia y escucha la grabación de la sesión de “terapia” que tuvo con Vera. Momentos llenos de sutilezas que terminan abruptamente, para dar paso a explicaciones y “resoluciones” poco relevantes.

The Sinner, Tercera Temporada…

Finalmente, aunque aún no existe confirmación de una tercera temporada, El modo de abordar al personaje de Ambrose, interrumpiendo su crecimiento para dar cabida a una nueva exploración serializada de su historia sugiere que esta posibilidad existe. De ser así, esperemos que el afán de reconocimiento no eclipse la necesidad de contar la historia.