3 Razones Para No Perderse The Sinner

Con su primera temporada disponible en Netflix y su segunda actualmente en emisión, The Sinner estuvo entre los estrenos más populares del año pasado. Revirtiendo levemente la manoseada dinámica de las series sobre crimen, su premisa gira en torno al por qué, no al quién. Con Jessica Biel a la cabeza de este proyecto adaptado de la novela de Petra Hammesfahr, que se cuestiona las razones tras el violento crimen cometido por la aparentemente feliz madre y esposa, Cora.

Y este giro es la primera y gran razón para darle una oportunidad a The Sinner. Que a partir de ella construye un suspenso eficaz aunque no exento de lugares comunes que coquetea – a veces demasiado- con las convenciones. A pesar de lo cual, la simpatía genuina que el detective Ambrose (Bill Pullman) desarrolla por Cora toma también una arista menos visitada en las más recientes producciones del género. Sin mencionar que las propias complicaciones personales de Ambrose alcanzan a veces tonos lyncheanos.

Por otro lado, la segunda razón por la que The Sinner es digna de maratón tiene que ver con la naturaleza de la conclusión a la que arriba. Fácil sería reducir a victimización polarizante la explicación sobre porqué esta joven madre se convierte repentinamente en criminal. Dibujarla como la sólo víctima del abuso perpetrado por “gente mala” u otros psicópatas. En cambio, la serie se permite una aproximación trágica revelando cómo este triste final es producto de un montón de personas tratando de posponer lo inevitable. De padres protegiendo a sus hijos de designios más allá de su control. Y por esto también se permite reflexionar sobre el perdón.

Bill Pullman y Carrie Coon en la 2º temporada de The Sinner
Bill Pullman y Carrie Coon en la 2º temporada de The Sinner

Hasta aquí, la brevedad de su primera temporada y las decisiones inteligentes tomadas en torno al guión le juegan a favor a una serie que mantiene el respaldo del material original. Pero ¿qué pasa cuando deja de sostenerse en la novela?  Esto nos llega a la tercera y última razón, la calidad de su nueva entrega.

Protagonizada por Carrie Coon (cuya sola presencia representa una razón para sentarse a ver la serie), esta 2ª temporada se centra nuevamente en un asesinato inexplicable. Esta vez el asesino es un niño, y su motivación parece indescifrable. Con sólo cuatro episodios emitidos, lo que sabemos hasta ahora es que el joven Julian (Elisha Henig) ha pasado sus 13 años de vida en una comunidad con ribetes de culto. Abuso, inestabilidad mental y manipulación están entre las explicaciones más visitadas pero de momento sólo tenemos preguntas. Y es posible que se trate del tono de esta nueva premisa, o de las sólidas interpretaciones pero me atrevo a decir que esta entrega es incluso mejor que la primera.