La Segunda Temporada Glow – Viva Las Vegas


La Segunda Temporada Glow – Viva Las Vegas

A simple vista, Glow parece una de esas tantas series contemporáneas que explota la nostalgia ochentera y la fascinación por su estética. Basta un examen superficial del vestuario de nuestras hermosas protagonistas para corroborarlo y sin embargo, agrega algo vital a la mezcla. Hay algo en esta historia de un grupo de mujeres que encuentran dignidad profesional en un espacio abiertamente ridículo que resuena en nosotras sintiéndose actual. Y en esta segunda temporada llegamos a entender un poco mejor porqué.

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En resumen, la tensión entre Debbie y Ruth llega a su clímax. Las relaciones con la cadena dueña del show  se deterioran gracias a un bochornoso incidente entre esta última y uno de los altos ejecutivos del canal. Sam y Justine negocian los términos de la paternidad y en general, las chicas se sienten más dueñas de sus personajes y más cómodas en sus mallas. Acoso sexual, impulsos autodestructivos, precariedad profesional son todos temas que se sienten muy cercanos a pesar de que estamos en una historia que habita en 1985.

El correlato de injusticias y estándares superhumanos es el fuerte de Glow pero por sí solos no son suficientes. Y en este sentido, es el estar frente a personajes femeninos que escapan del binomio atractiva-heroína-amada/atractiva-villana-implacable (tan bien representado por los roles ficticios de Liberty Belle y Zoya) para permitirse ser contradictorias, complejas, humanas. Este es el secreto del éxito de su fórmula: que lo irrisorio de los estereotipos que las chicas interpretan en el ring continúan operando incluso hoy. Otorgándole a la serie relevancia.

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Por supuesto que el esfuerzo aeróbico de esta temporada es aplaudible en tanto opera como un guiño a los fans de este castigado género, y como el vehículo ideal que ilustra la voluntad de las Gorgeous Ladies of Wrestling. Pero aunque el humor es parte de su atractivo, las secuencias más poderosas descansan en el drama. Como aquella en que Tammé debe revelar frente a su hijo la realidad de su trabajo en Glow como Welfare Queen en un encuentro que parece humillante y que la hace sentir llena de vergüenza pero con el que se reconcilia al final, después de todo, su alter ego la enriquece más que cualquiera de los trabajos que tuvo anteriormente. Y esa la dualidad entre empoderamiento y temor a hacer el ridícula la gran protagonista de esta segunda entrega, haciéndonos desear ver qué pasará en una eventual tercera  temporada.

Los diez episodios de la segunda temporada de Glow ya están disponibles en Netflix.

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