Sobreanalizando: Alien Covenant


Sobreanalizando: Alien Covenant

“Por Prometeo tienen los hombres todas las artes (τέχναι)

Hace ya casi cuatro décadas, las pesadillas de Giger molderaron las nuestras tras el estreno de Alien. Una película que siguiendo el sencillo esquema del gato y el ratón, terminó dando forma a todo un género gracias a la pregunta que instala de fondo: ¿tiene la violencia de la muerte un correlato en la violencia del nacimiento? Y por consiguiente ¿estamos condenados a existir en este paréntesis de fuerzas?

Inquietud que Ridley Scott retomó en Prometheus, precuela acusada de defraudar a quienes esperaban una continuación del terror físico de Alien pero que, fiel a su nombre, explora el rol de la porfía y el sacrificio demandados para que la vida (y la muerte) tengan sentido. Situando la película en Navidad, los paralelos entre el sacrificio de Prometeo y el de Jesús son inevitables. Pero el contrapunto está en la inmortalidad de David, quien envidia la creatividad del hombre y su consecuente capacidad de crear vida. De allí que su única demostración de amor sea hacia Elizabeth Shaw, a quien le otorga el que es a su juicio, el mayor de los regalos; la habilidad de convertirse en madre. Pero la paternidad que busca David es tirana, pues desea colocarse por encima de su creación como gobernador absoluto, ambición que queda de manifiesto con elegante elocuencia en esta escena.

Y Alien Covenant es una continuación de Prometheus en este sentido. Retoma la pregunta por los modos en que nuestra mortalidad nos define, por un lado y por otro, en ambas el nacimiento del xenomorfo como potencial nueva forma de vida perfecta es el telón de fondo de las ambiciones demasiado humanas de David.

La escena introductoria, un encuentro temprano entre David y Weyland, es un vistazo al carácter del androide, cuyo despertar está marcado por la perfección apolínea del renacimiento pero que se siente inexorablemente atraído por la tempestuosa (y dionisiaca, como lo creyó Nietzsche alguna vez) obra de Wagner. En su búsqueda por el hijo perfecto, Weyland ha producido uno que sufre del mismo antagonismo de fuerzas que nosotros.

One for the money, two for the show

No en vano Ridley Scott se ha mantenido vigente en una industria que ha aniquilado el espíritu de muchos de sus colegas coetáneos. Cómo él mismo reconoce, advirtió de las críticas a Prometheus que el público que esperaba la continuación de la franquicia estaba más interesado en la figura que en el fondo, en la criatura que en las divagaciones filosóficas sobre su existencia en particular, y la nuestra en general. Y esto es exactamente lo que corrige en Alien Covenant, entregándonos múltiples escenas de explícita tortura física como un modo de aplacar la ira de los dioses fanáticos.

Sin embargo, la falta de verosimilitud, de juicio por parte de varios de los colonos, y lo predecible de los giros funciona también como un modo de protesta. Como un comentario sarcástico para ilustrar el sinsentido de las demandas de una audiencia que puja por colocarse, también ella, por encima de las decisiones de los autores para dictar desde el Olimpo de su prepotencia, lo que debe o no contar una película/serie/novela/comic, etc. Una suerte de ¿quieren nostalgia? Aquí entonces una recreación paso a paso de la estructura dramática de la original, con todo y malas decisiones (porque seamos honestos, salir a buscar a un gato en medio de una nave con una criatura que tiene ácido en vez de sangre, o meterse en los conductos de ventilación para atraparla no suenan como las más grandes ideas de la civilización humana).

Alien covenant- Fassbender
El trono, el rey destronado y el futuro rey

Y por último, porque el cine de Ridley Scott siempre ha comunicado más en lo que muestra que en lo que se dice. Alien Covenant aparece como una película distinta en las sutilezas, en el advenimiento de David como Ozymandias frente a nosotros, pero como el Prometeo (el que pre-ve) de los xenomorfos, cargador del fuego originario dispuesto a sacrificarse para asegurar la prosperidad de la especie.

Reflexiones con spoilers

Una vez cumplida la cuota obligada de gore, la película es libre para desplegar sus alas y convertirse en lo que siempre quiso ser: el monólogo de David. Su aparición como gobernador de una nueva Pompeya, signa el destino que se autoadjudicó como el destructor del hombre. Pero en sus intercambios con Walter, que opera como el reflejo de Narciso, entendemos que David busca la aniquilación de la humanidad porque no sabe cómo desprenderse de la suya. Porque así como nosotros somos inexorablemente mortales, David es inexorablemente humano. Y porque de una criatura imperfecta como nosotros, ¿cómo podría surgir una perfecta?

La vocación de servicio de Walter le recuerda el cordón umbilical que lo une a nosotros. Y su forma de negar el sometimiento para el que fue diseñado es la destrucción. Su insistencia en Byron, más que un error, es un acto de rebeldia.

La escena de la cámara de sueño marca el nacimiento de Ozymandias, pero en Alien Covenant David tiene la posibilidad de interactuar con otro de su tipo. Una relación marcada por el desprecio -al ya comentado carácter servil de Walter- pero también por el amor. Hay algo en esa esa bella escena en que David le enseña a Walter a tocar la flauta, que construye una intimidad y un erotismo semejante a la existente entre Aquiles y Patroclo percibido en aquella breve pero siginificativa escena en que el mejor de los aqueos toca la lira para su amigo. Y del mismo modo, el amor que Aquiles sólo puede llegar a sentir por Pentesilea, luego de darle muerte. Amor que, nuevamente, aparece en ese gesto de convertir a la doctora Shaw en la madre de sus hijos.

Al final…

Más que una película de terror, Alien Covenant sirve como una muestra de las consecuencias de la dialéctica entre el cine de industria y nosotros los consumidores. Por lado, la obligatoriedad por satisfacer nuestras demandas previas para asegurar la prosperidad de las películas y por otro, el deseo de los “autores” por contar las historias que quieren, de la forma que quieren hacerlo.

Alien Covenant quiere estar más cerca de las reflexiones de Blade Runner que de la carnicería del primer Alien. Esta es una franquicia sobre padres déspotas e hijos huérfanos. Y los gobiernos que de ahí surgen. Y como su protagonista, es esclava de sus condiciones de producción.