The Bye Bye Man [MiniReview]


The Bye Bye Man [MiniReview]

The Bye Bye Man, o “Nunca digas su nombre”, se siente como la promesa de una película que nunca llegamos a ver. 96 minutos durante los que Stacy Title se dedica a enunciar situaciones potencialmente aterradoras que no terminan de cuajar, terminando con una maraña de escenas demasiado familiares. Un nuevo intento insuficiente que se suma a la larga lista de productos mediocres que llegan a nuestra cartelera.

Comienza con una masacre en un bonito vecindario, intentando explotar la misma sensación de vulnerabilidad de suburbio que el señor Carpenter supo representar tan bien en aquella obra maestra de terror que es Halloween. Pero termina siendo un collage de premisas ya visitadas, pobremente unidas y carentes de cohesión. The Bye Bye Man es a veces un slasher, a veces un thriller psicológico y a veces una película de terror sobrenatural. Tenemos una tragedia pasada, un grupo de adolescentes sexualmente confusos, una casa vieja y una criatura de origen desconocido. Opera como la sucesión de viñetas de películas que ya hemos visto, sin desarrollar ninguna idea lo suficiente como para construir una premisa realmente aterradora. E intenta suplir estas inconsistencias con un par de jumpscares obligados, y incluso estos no tienen el efecto esperado, pretende maquillar este fracaso con una que otra escena gore.

Nuevas tecnologías…

Aunque el origen y las motivaciones de este bye bye man nunca llegan a revelarse, su capacidad de hacer daño sólo cuando es evocado funciona como bonita metáfora de la frustración de un país en crisis. Estamos hablando de un estudiante blanco que evoca a un monstruo que lo obliga a ejercer una violencia de la que no se creía capaz. Y la única solución que se le ocurre es dejar de pensar en él en lo absoluto. Podría haber sido una brutal mirada a los problemas que se acrecientan mientras intentamos ignorarlos, pero en su afán por ser compatible con la salida de domingo al cine, lo sacrifica todo por un poco de suspenso a medias tintas.

Pero no hay que desesperar, afortunadamente aún existen cineastas que le tienen cariño al género y se toman en serio la pega. Si quieren terror, les sugiero que le echen un ojo a The Wailing.