Hablemos de Westworld: Qué aprendimos? Aprendimos Algo?? Vamos a averiguarlo!


Hablemos de Westworld: Qué aprendimos? Aprendimos Algo?? Vamos a averiguarlo!

Westworld es fácilmente una de las series más comentadas del año. Este remake serializado a cargo del hermanito chico de Chris Nolan, con la bendición de J.J. Abrams, arrasó en nuestras comunidades virtuales gracias a las múltiples teorías de los fans intentando explicar cuestiones tales cómo ¿cuáles son las verdaderas intenciones de Ford? ¿quién es en realidad el personaje que interpreta Ed Harris? ¿quiénes son robots y quiénes son personas?¿qué hay en el centro del laberinto? ¿quién es Wyatt? ¿cuál es la verdad tras la muerte de Arnold? etc…

Y mientras la película de los 70’s explota el horror tipo Frankestein (aprovechando de introducir quizá por primera vez en este espacio la idea de un virus computacional), la serie le da un giro e introduce algunos de los leitmotivs característicos del sello Nolan: los sueños, la consciencia, la narrativa no-lineal, el tiempo y la memoria. Ahora bien, gracias a las amables explicaciones de Morgan Freeman Michael Kane Anthony Hopkins en esos largos diálogos expositivos que tanto le gustan a Jonathan Nolan, no es necesario escarbar mucho para hacer un conteo de las concepciones que están detrás de la cosmovisión de sus personajes.

Lo que comienza siendo una suerte de re-presentación del símil de la caverna platónico, introduce reflexiones sobre la incertidumbre de esas creencias fijas que son el pilar de nuestra existencia, un ejercicio con vocación cartesiana que termina arribando a las poco amigables costas del eterno retorno. Cada personaje está en la búsqueda de algo que en última instancia le conduce a sentarse frente a frente consigo mismo (en un escenario en el que la mismidad es también una construcción): la búsqueda de Dolores guiada por la voz de Arnold, la búsqueda de William que desea con fervor derribar la muralla de modo que el juego ya no es más un juego sino la vida misma, y la búsqueda emancipatoria de Maeve, que pronto aprendemos ha sido previamente designada por su creador.

Todos viajes que nos permite preguntarnos por el rol que juega la memoria en la construcción de nuestra identidad, por la relación entre instrumentalismo-ciencia-capitalismo, o por el vínculo entre el miedo a la muerte y la necesidad de la moral. Con toda esta solemnidad, Westworld es en cierto modo una contrapartida de Dirk Gently. Aunque los convencionalismos formales de la primera la ponen en desventaja frente al refrescante humor de la segunda. De modo que:

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Sí, sí…Shakespeare…
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Ahora, ESO es algo que necesito ver…

 

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Una lectura funcionalista nos permitiría afirmar con relativa confianza que la serie intenta legitimar, entre otras cosas, a la duda como principal modo de ser de la consciencia. Esto es, no podemos tener certeza de la veracidad de las respuestas sino sólo del hecho que dudamos. Lo único verdadero es que somos conscientes en tanto nos hacemos preguntas. Y por lo tanto, la conclusión es que no hay conclusión, sólo constante movimiento. Pero si nuestros protagonistas, en vez de hallar consuelo en las respuestas, se hallan a sí mismos en el constante ejercicio del preguntar, por qué estamos nosotros tan obsesionados porque nos expliquen quién es quién, o qué.

La pregunta no es tanto ¿es Bernand un robot? o ¿es William el hombre de  negro? sino ¿por qué nos importa? ¿por qué, enfrentados a estos cuestionamientos, estamos tan desesperados por reestablecer el orden? Quizá sea tal como sospechaban Horkheimer y Adorno, y la tecnología de la industria cultural determina de antemano para sus productos una incapacidad para despertar el pensamiento independiente.  Quizá sea cierto que  “La diversión promueve la resignación que se quisiera olvidar precisamente en ella” porque “Divertirse significa siempre que no hay que pensar, que hay que olvidar el dolor, incluso allí donde se muestra”. Y quizá la locura suena mejor en la tele -donde no puede tocarnos- que en su ejercicio.  

Por eso la reflexión que me interesa sacar en limpio de la nueva serie de HBO es preguntar ¿por qué nos empecinamos en ordenar este mundo ficticio bajo los binomios robot/humano, presente/pasado, bueno/malo? En vez de extender la búsqueda a nuestra propia existencia y cuestionar nuestros sueños, nuestra identidad y nuestros recuerdos. ¿por qué nos preocupa designar certezas en una serie cuya narrativa se basa en la corrosión de las mismas?