Thelma & Louise [MUJERES EN EL CINE]


Thelma & Louise [MUJERES EN EL CINE]

Hace poco se cumplieron 25 años del estreno de Thelma & Louise. Más de dos décadas desde que dos jóvenes actrices en los albores de sus exitosas carreras confiaran en el guión que Callie Khouri tardó tanto en gestar, y se embarcaran en la producción de una película que como pocas, nos mostró en pantalla grande y salas comerciales, la historia de dos amigas que se encuentran a sí mismas en medio de un mundo en el que su propia existencia es negada.

Un cuarto de siglo desde que Louise persuadió a Thelma de emprender un viaje que pretendía ser un descanso y terminó siendo tanto más. Un viaje hacia la emancipación en el que dos amigas son cómplices de un mismo dolor y una misma liberación, porque en sus errores ambas comprenden los peligros de la sexualidad; las virtudes de la sexualidad y del amor; y la precariedad de vivir en entre quienes no te escuchan, porque sólo una porción de tu voz traspasa el cinturón castrador de la apariencia.

Selfie avant garde
Selfie avant garde

Dos amigas que terminan siendo prófugas por un crimen del que fueron, primero y sobre todo, víctimas. Porque si el abuso sexual no quedase impune con tanta frecuencia, habrían llegado a la cabaña sin problemas, pasando un fin de semana de selfies polaroid y cócteles bajo el sol. Pero no, porque Thelma tuvo que sufrir en carne propia lo que antes sufrió Louise, y tantas mujeres antes y después de ambas.

Y aquí es donde emerge el drama de una historia que bien pudo perderse en las frivolidades de la estética pop, o la obviedad de la sobreexplicación, pero que gracias a la apertura emocional de Ridley Scott -que le dio espacio a ambas actrices para apropiarse de sus personajes-, la película termina dibujando con brutal honestidad la historia de dos amigas que sólo pueden ser ellas mismas por fuera de este orden en el que se nos dice que somos todos iguales.

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Thelma & Louise es también un viaje, uno que no puede (debe) ser reducido a poleras estampadas, uno en el que nos toca absorber la violencia de nuestro propio entorno, ese en el que nuestra palabra no vale, lo que vale es el cómo nos vestimos. La violencia de cargar con el karma de un mito fundacional proveniente de una religión de la que se nos dice, está libre el Estado, pero que continúa rigiendo desde la oscuridad de lo simbólico, imponiendo modelos de conducta y valores asociados. Esposa obediente, mujer sin líbido. Porque como bien escribe Foucault, la sexualidad es también un espacio de dominación.

Hoy, a 25 años de su estreno, Thelma & Louise continúan siendo fugitivas, porque continuamos viviendo en un mundo en que a dos mujeres como ellas, no se les permite existir.