Estreno: Maze Runner Prueba de Fuego

No hay tiempo para explicaciones ni para sobrexposición -afortunadamente- en Maze Runner: Prueba de Fuego, la segunda parte de la franquicia basada en las novelas de James Dashner que llega a nuestra cartelera este 10 de Septiembre. Dejando la timidez de su predecesora atrás, Scorch Trials no escatima en secuencias de acción ni se detiene demasiado en las motivaciones de sus protagonistas a quienes mantiene constantemente en peligro, revelando bastante poco de la naturaleza de WCKD pero deleitándonos con la brutalidad de su métodos.

"The Scorch" el desierto que cubre el planeta.
«The Scorch» el desierto que cubre el planeta.

Retomando el “rescate” de los chicos desde el laberinto, la película comienza con la promesa de Janson (Aidan -Littlefinger- Gillen) de un futuro mejor alejado de los experimentos, pero nuevamente el escepticismo de Thomas (Dylan O’Brien) y su inmunidad al carisma de Gillen (aprende Sansa) los salva de convertirse en la principal materia prima del nuevo mundo. Con la esperanza de refugiarse con la resistencia, un grupo llamado “Right Hand”, Minho (Ki Hong Lee) y el resto emprenden viaje a través del desierto y las ruinas de la otrora civilización mientras son seguidos de cerca por WCKD y deben esquivar a los infectados.

Si la primera está más cerca del terror de monstruos que de las distopías futuristas, ahora que los mitos han caído y el enemigo muestra su rostro, la amenaza se desplaza al interior de nosotros mismos en forma de infección. Así, la secuela se centra en los estragos del virus que nos tiene al borde de la extinción, así como en la racionalidad utilitarista del grupo de científicos a cargo de encontrar el antídoto, con un tono más de ciencia ficción y secuencias que nos recuerdan a Alien (Resurrection), y Jurasic Park (The Lost World). Pero también, con paisajes, criaturas y persecuciones que tienen un poco de Rapture del Bioshock, e incluso de los enfrentamientos en The Last of Us, afianzando el diálogo con la generación a la que apunta.

Los experimentos.
Los experimentos.

O sea que si bien carece de esa conciencia histórica que vimos en Mad Max Fury Road, al menos no intenta maquillarse con una sensibilidad de la que no forma parte (aprende Divergente). En esta ocasión Wes Ball, quien regresa como director, acentúa su propuesta inicial entregándonos una película rápida, entretenida y en ocasiones bastante tensa. Una película llena de acción, quizá demasiada, donde las motivaciones o transformaciones de los personajes son eclipsados por el imperativo de seguir corriendo y de hacer avanzar una trama que se toma 131 minutos para esclarecer en parte, qué es lo que realmente está pasando con la humanidad fuera del laberinto.

Y si bien visita varios de los destinos obligados del género: el idealismo juvenil, la perversión científica, el comerciante interesado que tiene un lado tierno (en este caso Jorge, personaje a cargo de Giancarlo Esposito), el post apocalipsis, y el miedo a la extinción, nos permite respirar de otros tantos como la carga del elegido y las penosas vicisitudes del amor adolescente.

La bienvenida de Jorge (Giancarlo Esposito)
La bienvenida de Jorge (Giancarlo Esposito)

Una película que se basa en el desconocimiento de sus protagonistas y del público, tanto así que se aleja también de las novelas, y que da por sentado todo lo expuesto en su primera parte, por lo que se vuelve imperativo haberla visto antes. Pero que también sucumbe a las preguntas más obvios del tipo ¿por qué si los inmunes son tan valiosos se les persigue y somete a pruebas tan peligrosas en vez de centrar los esfuerzos en que nazcan más que les permitan estudiar qué factores influyen en el traspaso de la dichosa enzima?, dudas atribuibles a la ausencia de la tercera parte y final que aclare todo lo que hasta ahora parece no tener sentido, o a las inconsistencias de la adaptación desde la novela, o a la absoluta falta de conocimiento sobre el pensamiento platónico y las ideologías que soportaron a los estados totalitarios.

De cualquier modo un estreno más que disfrutable, que se preocupa de sentar las bases para su parte final al obligar a Thomas a adquirir una estrategia más directa y confrontar a la institución de la que una vez formó parte. Una franquicia que con esta segunda parte delimita una identidad propia y se despliega con más confienza, y que esperemos logre concluir con consistencia en su siguiente entrega.