Final de Temporada: Orange is The New Black 3


Final de Temporada: Orange is The New Black 3

Intensa, irónica y reflexiva estuvo esta tercera temporada de Orange is the New Black -disponible en Netflix desde el pasado 11 de Junio-, que por primera vez se anima a cambiar el foco desde Piper hacia otras reclusas, nutriéndose de las historias pasadas de Boo (Lea DeLaria), Chang (Lori Tan Chinn), la silenciosa Norma (Annie Golden) y las tensiones morales de Caputo (Nick Sandow). Y aunque Chapman (Taylor Schilling) vive sus propios grandes cambios, sintiéndose cómoda por primera vez desde su llegada a Lichfield, cambios motivados especialmente gracias al regreso de Vause (Laura Prepon) y la inquietante presencia de Stella (Ruby Rose), el protagonismo es ahora de otros.

La inesperada amistad entre Boo y Doggett es una de las sorpresas más entretenidas de esta temporada
La inesperada amistad entre Boo y Doggett es una de las sorpresas más entretenidas de esta temporada

Decisión más que acertada y que permite explorar el drama del encarcelamiento no sólo físico; también las prisiones en las que habitan los trabajadores de Lichfield; las prisiones comunitarias como desde la que proviene Leanne (Emma Myles), las prisiones familiares desde las que vienen Boo y Soso (Kimiko Glenn); las prisiones ideológicas; las económica; las socioculturales. Y por lo mismo, una de las grandes ideas que recorre esta temporada es la de la libertad y el cambio, simbolizadas por la secuencia inicial del primer episodio; en la que Chapman recuerda lo mucho que ama el agua y bañarse, recorriendo sus momentos más felices para contrastarlos con la poco grata experiencia de las duchas en prisión; y contrastada con la escena final del último capítulo (spoilers), en la que gracias a la mezquindad administrativa las reclusas tiene la oportunidad de salir a tomar un baño en una laguna cercana a Lichfield, en un final de temporada con toques de bautismo.

Por un lado está el bautismo como símbolo del renacer, pero las figuras religiosas se extienden por toda la temporada. Le siguen la traición, de Piper a Vause; de Flaca (Jackie Cruz) a Gloria (Selenis Leyva); de Gloria a Sophia (Laverne Cox); entre varias otras, el buen samaritano, contado a través de los flashbacks de Caputo y sus actuales intentos por salvar Lichfield y a sus trabajadores, y por último; la salvación, no sólo de la prisión sino también de Soso, de Doggett (Taryn Manning), y las aspiraciones de las que conforman el culto a Norma. Grandes temas presentados de la forma más íntima y cotidiana posible, probando que el mayor atractivo de OITNB está en sus personajes y en el modo en que son abordados por un guión que demuestra preocupación y cariño por ellos, a diferencia de lo que hace rato ocurre en, por ejemplo, Game of Thrones.

Chapman y Stella (Ruby Rose) nuevas socias en el tráfico de ropa interior.
Chapman y Stella (Ruby Rose) nuevas socias en el tráfico de ropa interior.

Otro de los puntos más interesantes es político, en esta temporada religión y política se mezclan en un extraño pero admirable equilibrio. Siendo la privatización el súper villano de esta entrega, gran parte del drama recae en el cómo repercuten las decisiones de un montón de ejecutivos esclavos de excel, sin ningún tipo de empatía ni de experiencia de vida (sin “calle” para usar una figura más familiar), en las ya precarias condiciones de todos quienes conviven en Lichfield, presos o no. El ingenio que usan las reclusas para lidiar con los recortes presupuestarios en comida y vestimenta (ambos ítems de baja importancia para los nuevos dueños, al parecer), es tan gracioso como devastador. Los mecanismos de “persuasión” para evitar la formación de un sindicato, y la brutal medida de aislamiento a la que someten a Sophia para mantenerla alejada de los medios, son dos de las muestras más claras de que existen tipos de delincuencia obviadas por el poder judicial.

Vause (Laura Prepon) lidia con los fantasmas de su pasado.
Vause (Laura Prepon) lidia con los fantasmas de su pasado.

Asimismo, las dicotomías que se enfrentan tanto en lo moral como en lo político demuestran la universalidad de una serie que retrata a un grupo pequeño y segmentado, uno que como sociedad mantenemos lo más invisible que podemos. La heterogeneidad de sus personajes, que se evidencia tanto en el origen como en el físico de su cast (contrario a lo que ocurre con Sense8, en la que a pesar de la pretendida diversidad parece que la alteridad se limita a la gente físicamente atractiva), y la sensibilidad de sus temas es lo que la hacen una de las series más ricas actualmente en emisión. Mostrando que aún con un grupo mayormente femenino, se pueden contar historias humanas y universales, como por ejemplo, la bella representación de los conflictos y virtudes de la maternidad contadas a través de la historia de Aleida (Elizabeth Rodríguez) y Dayanara (Dascha Polanco) y gracias a la cual también se cuentan las de la paternidad, representada por Bennett (Matt McGorry), César (Berto Colon) y el propio Caputo.

Otro de sus aciertos -que ya es tradición dentro de OITNB- ese retrato no romántico de la feminidad, la naturalidad de los cuerpos imperfectos, y esa inquietud óntica que aparece en Lichfield luego que varias reclusas comiencen a cuestionar el ser mujer de Sophia, mostrando nuestros propios prejuicios y visiones diezmadas sobre lo que implica nuestro propio género. También los mitos y abusos culturales, la privación del placer sexual como violencia, ya sea directamente como en la historia presente y pasada de Doggett, o a través de la culpa como en la historia de Boo.

Boo intenta un cambio.
Boo intenta un cambio.

Pero no nos alarmemos, no todo es humanismo y reflexiones existenciales, porque la gran gracias de Orange es saber presentar todas éstas con el sarcasmo que ameritan. Después de todo, tanto el estrés como la depresión tienen aquí un origen común; el aburrimiento que se espera de las horas de ocio y la estricta rutina que comparten las reclusas. Y así como hay espacio para las epifanías y las autoexaminaciones, la mayoría combate el aburrimiento con pequeñas empresas: Comenzar nuevos cultos, incursionar en el noble arte de las novelas eróticas y sus subsecuentes fanfictions, y por qué no, las empresas criminales de venta de pantaletas femeninas usadas para deleite del aparentemente amplio público que las añora. Al final, una temporada que sin perder la chispa es capaz de transitar por distintos temas y entregarnos más de los personajes que tanto hemos llegado a querer.