Lucy, lo nuevo de Luc Besson se estrena este jueves en nuestras salas. Con Scarlett Johansson como su heroína, Min-sik Choi como el excéntrico villano y Morgan Freeman como el portavoz de la razón, la película crece desde un thriller de acción hacia la ciencia ficción, tránsito que si bien puede parecer confuso es un paso necesario para sostener su premisa.

Lucy parte confundida y desadaptada, perfil que abunda en los héroes de Besson.
Lucy parte confundida y desadaptada, perfil que abunda en los héroes de Besson.

La película comienza interpelándonos: “Life was given to us a billion years ago. What have we done with it?” , ciertamente, seguida de la pregunta sobre qué hemos hecho con la vida que nos fue dada hace millones de años tenemos una panorámica del progreso de las metrópolis y seguido de eso, Lucy, trasnochada, desorientada y lejos de casa. Y en su rutina que, como la de tantos estudiantes, fluctúa entre los estudios y las salidas nocturnas se encuentra a sí misma llevando por encargo un sospechoso maletín dirigido hacia un aún más sospechoso empresario coreano. El maletín en cuestión contiene blue-meth CPH4, una poderosa droga, razón por la que Lucy se convierte en mula transportando la droga dentro de su cuerpo, pero logra liberarse -en más de un sentido- luego que parte de la dosis se filtra a su torrente sanguíneo provocando que nuestra desorientada y aparentemente irrelevante Lucy eleve sus capacidades cognoscitivas explosivamente.

Utilizando la figura de la capacidad cerebral en su máxima potencia como una metáfora de cuál sería nuestro próximo paso evolutivo al ser capaces de alcanzar el conocimiento absoluto, Besson explora qué sería del conocimiento y de nosotros mismos si pudiésemos emanciparnos de la finitud de nuestro entendimiento para acceder a una consciencia más esencial. A partir de nociones biológicas, y quizá sin demasiada intención, la pregunta se traslada desde la ciencia hacia la filosofía, ¿qué pasaría si nuestro conocimiento se adecuara a la verdad de la cosa? y la respuesta que da Besson es simple: dejaríamos de ser humanos. 

No somos dignos de usted.
No somos dignos de usted.

La mejor prueba de dicho desplazamiento es una de las conclusiones finales de Lucy: “We’ve codified our existence to bring it down to human size, to make it comprehensible, we´ve created a scale so we can forget its unfathomable scale” (“Hemos codificado nuestra existencia reduciéndola a una talla humana, para hacerla comprensible, hemos creado una escala para poder olvidar su inconmensurabilidad”), y lo interesante de la película es que no se queda en el enunciado de la arbitrariedad del homomensura (una idea que al menos en el espacio de la filosofía tiene larga data) sino que se permite jugar con sus posibilidades, imaginando que sería de nosotros si pudiésemos trascender nuestra propia humanidad y alcanzar ese conocimiento exacto y verdadero con el que tanto soñaron los clásicos.

No obstante, Lucy es una película extraña en más de un sentido, quizá porque mezcla elementos que no suelen mezclarse jamás, y de cierto modo ese es el aporte de Besson, introducir inquietudes a propósito de nuestro saber y la cuestión del conocimiento y sus posibilidades en el espacio de las películas comerciales con súper estrellas y hartos FX´s (eso y que probablemente en el espacio de la academia ningún pensador haya anunciado que el acceso al eidos aseguraría la adquisición de superpoderes). Un experimento no sólo entretenido sino genuinamente interesante para quien sepa sobrepasar la literalidad y se atreva -aunque sea lúdica y momentáneamente- a reflexionar sobre la esclavitud del ente y la promesa de la exactitud científica, como si el universo nos debiese el adaptarse a nuestras fórmulas. Y es ésta la respuesta a la pregunta inaugural de la película, esto es lo que hemos hecho con la vida que nos fue obsequiada siglos atrás, intentar medir, explicar y controlar cada aspecto de la misma y de lo que nos rodea, amparados en esa arraigada prepotencia antropocentrista.

Y finalmente, en armonía con el tono general de la película que celebra y reivindica el conocimiento como ejercicio después de todo, Besson nos dice ahora ya saben que hacer en ella (la vida) lo que no puedo interpretar sino como un vaya y conozca, o mejor, vaya y piense, usted puede, es más, usted debe.