Da Vinci’s Demons: Final de Temporada

Este fin de semana terminó, sin mayores resaltos, la segunda temporada de Da Vinci’s Demons. Una entrega cuyo inició nos dio esperanzas y que por momentos nos hizo creer incluso que todos sus vicios pasados se habían esfumado pero que, finalmente, sucumbe a los mismos y termina recurriendo a giros simplones y emociones de manual. Todo, eso sí, cuidadosamente maquillado con ingeniosos combates, épicos escapes, amores imposibles/no correspondidos y una más que adecuada cantidad de oblicuos bien cultivados.

Da Vinci y Lorenzo hacen las paces.
Da Vinci y Lorenzo hacen las paces.

Como les decía, la temporada tuvo sus buenos momentos (siendo mi favorito el de Tom Riley interpretando a Da Vinci, interpretando a Riario) en los que logró provocar real empatía, principalmente porque tenemos 4 personajes realizando viajes decisivos para sí mismos y que nos permiten entender mejor el por qué hacen lo que hacen. Pero tristemente, hacia el final todas las sutilezas construidas se desarman frente a un guión tosco que los fuerza por caminos más que predecibles reduciéndolos a su estadio más funcional. Y en este sentido, habría que decirle al señor Goyer -quien tanta atención ha atraído por sus inminentes proyectos cinematográficos- que no por representar a un genio como Da Vinci y ponerlo a resolver enigmas está entregando un show con la misma complejidad que la mente del artista, eso y que las explosiones y carnicerías pueden estar más que dotadas de sentido como tan magistralmente han demostrado series como True Detective y Hannibal.

Aún así, estuvo bastante más interesante que la anterior y para aquellos fanáticos de los dramas de época con amplias cuotas de acción, no les será difícil engancharse. Con su primera temporada disponible en Netflix, la serie ya fue renovada para una tercera y John Shiban fue anunciado como el nuevo showrunner, quien esperemos la guié por el buen camino y explote ese potencial que a veces se asoma pero que hasta hoy no ha sido capaz de brillar del todo.