Con una segunda temporada ya confirmada, están disponibles en Netflix los 10 episodios que conforman la primera entrega de Scream, adaptación televisiva producida por MTV e inspirada en los clásicos de Wes Craven. Y tal como explica Noah durante el primer episodio (personaje basado en Randy Meeks de la franquicia original, interpretado ahora por John Karna), el reto es adaptar a un formato que descansa en el alargue un género como el slasher, que se sustenta en el suspenso constante y los baños de sangre.

Bella Thorne como Nina

Bella Thorne como Nina

¿Cómo lograrlo? Introduciendo una serie de cambios narrativos que nos ayuden a fortalecer la empatía y potenciar el peligro de sus protagonistas. O sea, el mayor cambio que introducen es una mutación en el origen de nuestras expectativas, intentando que ya no se basen en el temor frente a las constantes y formidables formas de morir que acosas a sus protagonistas, sino en lo doloroso que significa perder a un personaje que has llegado a conocer y que te importa (una suerte de efecto R. R. Martin). Eso y un giro en la motivación detrás del asesino, la muletilla “psicológica”, que explica en términos lógicos el por qué decidió comenzar a matar.

Bobby Campo como Seth, profesor de literatura y Fannibal confeso.

Bobby Campo como Seth, profesor de literatura y Fannibal confeso.

Ambos aspectos presentes en el grueso de los remakes de películas de terror de la 2da mitad de los 2000s, pero que en este caso podemos sobrellevar gracias a una de las cosas que sí conservan de Scream: el humor irónico y meta. Por ejemplo, tanto Emma (Willa Fitzgerald) como sus cercanos se perfilan de forma muy similar a Sidney y compañía, aunque sus contextos cambian y se complejizan porque ahora tenemos tiempo para pasar con ellos y descubrir las vicisitudes que aguardan en sus propias líneas narrativas, y así es como Noah no sólo es fanático del slasher, sino todo un catedrático de asesinos seriales, con complejo de perfilador tipo Will Graham. Y al ironizar sobre una serie que se desarrolla casi exclusivamente en los intrincados laberintos mentales de sus personajes -en el vasto Memory Palace de Hannibal- inmediatamente le resta densidad a sus propios intentos por construir motivaciones profundas para su asesino de turno, acercándose más a la liviana autoconsciencia de Supernatural que a la pretenciosa reflexividad de True Detective.

Entonces, aceptándose como lo que es; un collage que conjuga tradición y humor autorreferencial, logra entretener y hasta generar algunas situaciones de suspenso real, aunque la identidad del asesino, y las motivaciones detrás, resulten bastante predecibles. Siendo su fuerte un humor que sabe aprovechar algunos hitos del cine B, entre los que contamos un backstory que incluye mutaciones, mutilaciones, tensión sexual, guaguas abandonadas y actuaciones exageradas, todos elementos dignos de los mejores años del cine de Argento.

El terror en los tiempos de google

El terror en los tiempos de google

Sin embargo, la serie es incapaz de sostener la tensión dramática prometida fracasando en la construcción de personajes con los que podamos simpatizar lo suficiente como para que lamentemos sus pérdidas, probablemente porque no logra conciliar humor y drama -al contrario de Supernatural-, enflaqueciendo su impacto en relación a la original Scream. Carencias que le pesan sobretodo a Emma, que nunca está realmente en peligro pero a quien vemos victimizada durante casi toda la temporada, sin permitirle desarrollar voz propia o la fuerza característica de las heroínas del slasher, olvidando la sentencia de Bedelia Du Maurier: «The traumatized are unpredictable because we know we can survive».

Aún así una serie fácil de visionar, especialmente en maratón, lo que la vuelve un panorama razonable para un fin de semana largo. Aquí los primeros 8 minutos de la serie:

 

 

Como dicen por allí, sólo una chica emo que escucha The Cure, le gusta el animé, las mascotas, el cine y la filosofía, con tendencias adictivas a las series de TV y las papitas.