Better Call Saul termina con el sello de Vince Gilligan, una temporada que mezcla el drama más desolador con la comedia negra, coronado con esa visualidad elocuente que nos deja en claro qué es lo que está pasando alrededor y dentro de sus personajes. Y aunque no llegamos a saber nada más del presente de Saul (Bob Odenkirk), ese que lo tiene confinado sirviendo rollos de canela, sí pudimos presenciar el momento en que decidió dejar atrás el Need a will? Call McGill! y abrazar al slipping Jimmy que tantas alegrías le trajo en el pasado.

La sombra de Chuck (Michael McKean) se cierne sobre Jimmy (Bob Odenkirk).

La sombra de Chuck (Michael McKean) se cierne sobre Jimmy (Bob Odenkirk).

Marco, el décimo episodio y final de esta primera temporada (disponible en Netflix), comienza con los coletazos de la traición de Chuck (Michael McKean) y el colapso emocional que ataca a Jimmy en pleno bingo (dónde más), luego que el universo -en su insistencia por castigarlo- le enviase sólo números que le recuerdan dicha traición. Luego de una incómoda, pero profundamente graciosa, narración de Jimmy sobre su pasado, no le queda más que huir de vuelta a casa para “reencontrarse” a sí mismo.

‘I know what stopped me and it’s never stopping me again’ le asegura Jimmy a Mike (Jonathan Banks) al final del episodio, refiriéndose no sólo al juicio de su hermano mayor, sino a su propios deseos de ser aceptado. Porque la “rehabilitación” que Chuck le prometió como salida a su vida de estafador, esa “alegría” venidera que debía llegar con el trabajo duro y la educación superior también tenía letra chica, en la que se especificaba que la honorable vida burguesa estaba reservada para un selecto grupo bien conectado, y que excluída de ella quedan los solitarios asalariados. La traición de Chuck se siente entonces como un escupitajo, el equivalente profesional al “no puedes sentarte con nosotras”, el elitismo de las clases dominantes que hacen crecer sus influencias a costa de la explotación de otros (nada muy lejos de nuestra realidad política), la falsa promesa de igualdad.

Jimmy y Kim (Rhea Seehorn) discuten a causa de las bondades del "sueño americano".

Jimmy y Kim (Rhea Seehorn) discuten a causa de las bondades del «sueño americano».

Podríamos escribir múltiples ensayos sobre el modo en que dicha violencia -la social- aqueja a Jimmy (o a Mike, cuya backstory tuvimos el privilegio de explorar durante esta primera temporada), dejándoles no más opción que la ilegalidad o la miseria, como aquella bella secuencia de celebración cuando Jimmy se queda solo tras enterarse que a pesar de su nuevo y flamante título, no ha sido invitado a trabajar junto a su hermano; o la brillante escena tipo Leon, The Professional en la que Mike prueba porque vale más que un grupo de jóvenes matones armados. Secuencias que colocan a Better Call Saul entre los mejores estrenos del año, dejándonos más que enganchados para su próxima entrega.

El drama de Mike.

El drama de Mike.

Y cual superhéroe en película de Marvel, al final Jimmy acepta su propia alteridad y se viste de sí mismo. Rechazando la posibilidad de una cómoda vida como abogado respetable, decide no conformarse y haciendo gala de su ingenio, jura jamás dejarse seducir otra vez por las bellas promesas ilustradas, esas que defienden la autosuperación, el mérito, y la adaptación social como motores indispensables del éxito, esa antigua superstición casi platónica de que lo bueno, lo bello y lo justo conducen inexorablemente a la felicidad.

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Como dicen por allí, sólo una chica emo que escucha The Cure, le gusta el animé, las mascotas, el cine y la filosofía, con tendencias adictivas a las series de TV y las papitas.