“We’re fighting an army of robots, and I have a bow and arrow. None of this makes sense.” Le reclama Hawkeye (Jeremy Renner) a Scarlet Witch (Elizabeth Olsen), en la que es por lejos la mejor cita de la película, una confesión que condensa en lo que se ha convertido el género, y remata perfectamente la propuesta de Joss Whedon.

"boyhood"

«boyhood»

Siguiendo la misma senda que años atrás forjara su primera entrega, Avengers Age of Ultron es una celebración de las nuevas súper-producciones de superhéroes. Una en la que la verosimilitud queda gustosamente suspendida en favor del despliegue de acción, los guiños a las obras originales, y a las otras películas que conforman la nueva generación cinematográfica del universo Marvel. Lamentablemente, aunque el conflicto que nos ofrece Ultron (James Spader) deja entrever tensiones más complejas que las carencias emocionales de Loki, el potencial filosófico de su enfrentamiento con Vision (Paul Bettany) es rápidamente abandonado en favor de las espectaculares -y a ratos, perfectamente sincronizadas- batallas libradas por nuestros héroes, en un gesto que desilusiona por lo condescendiente, después de todo, uno imaginaría que en 141 minutos de narración algo de tiempo podríamos dedicar a conocer la ideología que mueve al villano, más allá de la reducción caricaturesca (imposible no pensar, como en esa joya setentera Dark Star, que de haberle enseñado fenomenología a Ultron, hubiera reconsiderado su plan).

Whedon equilibra acción y comedia, reservando el drama sólo para los momentos claves, una suerte de acentos que operan como llamados de atención tanto para espectadores como para sus protagonistas. Gracias a las facultades de Scarlet Witch tenemos la oportunidad de ver parte de las vulnerabilidades de todos, y la confusa relación de Natasha (Scarlett Johansson) y Bruce (Mark Ruffalo) nos permite ver un poco más de personajes más bien olvidados. Pero sin duda el gran conflicto es el produce Ultron, al ser presentado como una suerte de imago de Tony Stark (Robert Downey Jr.), una versión exagerada -o quizá más auténtica- del pragmatismo e instrumentalidad del saber científico moderno, ese que persigue el conocimiento en aras de la dominación y que ha sido motivo de tantos horrores (como alguna vez explicaron Adorno y Horkheimer). Pues, el parecido entre ambos despierta las desconfianzas en el grupo, y las inseguridades dentro del mismo Tony.

Hulkbuster

Hulkbuster

Un tercer conflicto (sí, son casi demasiados) es la contradicción planteada por Ultron, el hecho de que nuestra creaciones reflejan nuestro peores miedos, que la humanidad continúe reproduciéndose a pesar que cada nueva generación está condenada -y casi históricamente determinada- a superar o sepultar a la anterior. Así (alerta de spoilers), la vista final a esta nueva generación de vengadores que será entrenada por parte de los “originales”, es un cierre perfecto al problemático ciclo que mencionada Ultron (fin del spoiler).

Por otro lado, la película se da el trabajo de explicar las circunstancias en que se desarrolla la acción por lo que no es requisito “fundamental” estar al día con todas las producciones de Marvel, pero sí posee un gancho importante a temas tratados en Guardians of the Galaxy, y sugiere ciertas cosas que podríamos ver en Captain America Civil War; particularmente las tensiones surgidas entre Tony y Steve (Chris Evans). Además, la introducción de Wakanda y de Klaw (Andy Serkis) se siente como un breve adelanto de lo que será el universo de Black Panther. Y también, el obligado gancho a lo sucederá en futuras producciones, de la mano de Thanos.

El trabajo de James Spader,  es una de sus principales virtudes.

El trabajo de James Spader, es una de sus principales virtudes.

Y por último, en desmedro de los hermanos Maximoff (no, el Quicksilver de Aaron Taylor-Johnson no es mejor que el de Evan Peters, más por tratamiento narrativo que por mérito actoral), las dos presencias más importantes de la película -luego de Downey Jr – son las de Bettany y Spader, representando la agenda expansiva y violenta versus la calma del que conoce el “destino” de la humanidad pero desea aprender lo más posible. El enfrentamiento entre ambos se siente como las antiguas rencillas entre dioses que le otorgaban y no el favor a los humanos, revelando una vez más la vocación casi homérica de las ficciones del género, pero es desaprovechado en favor del fanservice (después de todo, es una película de Whedon y no de Carpenter), dejando en claro que ofrece una entretención pasajera.

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Como dicen por allí, sólo una chica emo que escucha The Cure, le gusta el animé, las mascotas, el cine y la filosofía, con tendencias adictivas a las series de TV y las papitas.

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