Julianne Moore, en una de las interpretaciones más reconocidas del año que la hizo merecedora del Oscar a Mejor Actriz hace algunas semanas, protagoniza Still Alice (Siempre Alice) disponible en nuestra cartelera a partir de hoy. Un drama, basado en la novela de Lisa Genova, que plantea la lucha – o más bien, la resistencia- contra el Alzheimer, enfermedad cuya mayor tragedia es la pérdida de uno mismo.

Alice (Julianne Moore) y su esposo John (Alec Baldwin).

Alice (Julianne Moore) y su esposo John (Alec Baldwin).

Alice es una profesional sobresaliente, madre y esposa, una mujer inteligente que se planteó el desafío de tenerlo todo; una familia, una carrera, y triunfó en ambas. Pero de pronto, a sus 50 años, descubre que ha heredado de su padre la temprana manifestación de Alzheimer, condición que probablemente también desarrollen sus hijos. Como es de esperarse, la película se involucra con las resoluciones familiares, revelando bajo el rigor de la dificultad, los carácteres de cada uno pero nunca perdiendo el foco en su protagonista. Dado que es una mujer tan autoconsciente, la empatía se establece rápidamente (descansando también en el trabajo de Moore), razón por la que la pérdida, o “el arte de perder” como lo llama, parafraseando un poema de Elizabeth Bishop, se nos aparece con mayor intensidad.

Simples y emotivos son los dispositivos que utiliza Richard Glatzer para contarnos las vicisitudes de la lucha. Conservando el punto de vista de Alice, son dos las relaciones a través de las cuales vamos comprendiendo el devastador avance de su enfermedad: primero, su dependencia de la tecnología, principalmente con su smartphone que funciona como su principal apoyo a la hora de recordar citas y compromisos, además de ayudarla a ejercitar su memoria gracias a un pequeño cuestionario que funciona cómo unidad de medida para la autoevaluación, puesto que sabe muy bien que llegará el día en que ya no pueda contestar ninguna pregunta. Y segundo, su relación con la menor de sus hijos Lydia (Kristen Stewart, muy cómoda consigo misma), con quien mantenía su distancia por no aprobar su estilo de vida (Lydia prefirió perseguir una carrera como actriz, antes que ir a la universidad como sus hermanos, una abogada y un doctor), pero a pesar de su aparente rebeldía, Lydia es la única con la fortaleza y entereza moral para quedarse a su lado en los momentos más difíciles, cuando ya casi no queda nada de la mujer que fue su madre.

Los recuerdos de Alice se vuelven inconexos y ajenos.

Los recuerdos de Alice se vuelven inconexos y ajenos.

Para representar su confusión, ese momento en que la mayoría de los recuerdos se han perdido y el resto conviven descontextualizados y atemporales, Glatzer introduce vagas experiencias pasadas en medio del ahora, hacia el final, son los diálogos entre sus cercanos los que nos informan de lo poco que queda de Alice. Una película que a pesar de su premisa, intenta no sobrecargarnos al drama lagrimero, entregándonos un relato desolador pero mesurado, conservando la integridad de Alice, perfectamente representada por Julianne Moore.

 

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Como dicen por allí, sólo una chica emo que escucha The Cure, le gusta el animé, las mascotas, el cine y la filosofía, con tendencias adictivas a las series de TV y las papitas.