Llegando un poco tarde al mes de horror y en una semana convulsionada por el arribo de lo último de don Nolan, este jueves se estrena La Invocación. Y lo que comienza como una película de fantasmas marcada por la desafortunada decisión de una familia de irse a vivir a una casa embrujada, rápidamente se aleja de la sombra de El Conjuro acercándose más al terror detectivesco del cine de Argento, sin embargo, es más un comentario sobre sexualidad reprimida que una película de terror.

Sam (Liana Liberato) en un final que contradice todo lo contado.

Sam (Liana Liberato) en un final que contradice todo lo contado.

En un tono tipo cuento infantil, Janet Morello (Jacki Weaver) nos narra cómo perdió a todos los integrantes de su familia poco a poco convirtiéndose en la única sobreviviente de lo que los lugareños llamaron “la maldición Morello”. Tiempo después una nueva familia adquiere la propiedad en la que comenzó la tragedia y por supuesto, a pesar del escepticismo de los padres los más jóvenes comienzan a experimentar interacciones con los espíritus atrapados en el lugar. La clave para descubrir el por qué dichos espíritus no pueden descansar en paz yace con el recién llegado Evan (Harrison Gilberston), único hijo hombre de los Asher, y Sam (Liana Liberato), una chica maltratada que encuentra “refugio” en el adolescente sensible.

Mac Carter intenta construir un relato genuinamente aterrador utilizando un tono nostálgico, casi de cuento de hadas, concentrado en la historia de amor joven que protagonizan Evan y Sam, no obstante, la reiteración de lugares comunes nos permite leer rápidamente la historia y predecir lo que pasará. Por otro lado está el guión de Andrew Barrer, que no solo peca de estereotípico sino también de presentar la tragedia como el efecto de una suerte de “histeria” femenina que castiga la ineptitud ingenua de dos hombres (primero el Sr. Morello y luego el tierno Evan), una caricatura que creí habíamos erradicado décadas atrás. Y por último, para darle un giro inesperado hacia el final, optan por un desenlace que contradice todo lo que se nos presentó de las motivaciones y orígenes de los personajes, inducen más confusión que terror.

Todo lo cual resulta en que lo verdaderamente perturbador de la película sea esa visión de las mujeres como una fuerza sobrenatural e incontrolable que contamina el corazón y arruina las vidas de hombres sin mala intención. Un retrato liviano y desafortunado si consideramos que la cinta compite en salas con los gigantes Gone Girl e Interestellar.

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Como dicen por allí, sólo una chica emo que escucha The Cure, le gusta el animé, las mascotas, el cine y la filosofía, con tendencias adictivas a las series de TV y las papitas.