Las Cosas Como Son, es la segunda película de Fernando Lavanderos y la primera película chilena que me inspira para escribir un review (descontándo a los clásicos, claro).¿Por qué? Pues porque siento que con su simpleza y honestidad nos cuenta una historia que es -sin quererlo- muy política. Jerónico, Sanna y Milton son tres personajes que nada tienen que ver el uno con el otro y sin embargo, de su interacción surge una historia que no sólo habla de ellos, más bien a través de ellos se nos habla de un país en que las desigualdades son tan abismanles que a menudo “los otros” se nos aparecen no sólo como distintos, como miembros de otro grupo social, sino como extranjeros, como si habitásemos países distintos.

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Las cosas como son

 

Y lo político aquí no implica secuencias de protestas, lenguaje de izquierda o discursos sobre la dictadura. Aquí ocurre lo político en su sentido más primordial, como comenta Jacques Ranciere, como aquellos actos mediante los cuales se desplaza a los cuerpos de aquellos lugares que les habían sido asignados, como el hacer visible el discurso de los que no tenían decir en el común de la comunidad. Esta es una película que, sin ánimos “rupturistas” o “revolucionarios”, obliga a sus personajes -y por extensión al público- a enfrentar nuestros prejuicios y trascender estos lugares simplemente para encontrarnos con un otro, con nosotros mismos, y ser comunidad.

 

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Las cosas como son

 

Es una película honesta porque no trata de explicar aquello que no conoce, porque acepta -igual que Jerónimo- que la idea de “pobreza” y “marginalidad” es más una caricatura que un símil y que la complejidad del mundo de la “pobla” es algo que se les escapa. En vez de pretender explicarnos este mundo (porque de pretensión de verdad está lleno el cine chileno), lo que hace es sugerirlo permitiéndole a Milton (Isaac Arriagada) que con espontaneidad nos abra la puerta, siempre que dejemos los prejuicios en el umbral. Pero también está la frustración de Jerónimo, quien encerrado en las antiguas paredes de su hogar (y digámoslo; de su clase) le reclama a la ingenuidad de Sanna todo eso que siente le ha sido negado: el idealismo, la improvisación, el cariño sincero y desinteresado, la “alegría”. Y por último, la liviandad infantil de la noruega Sanna, que llega a Chile atraída por el espíritu de aventura pero que se ve sobrepasada por el peso de la realidad cuando entiende lo que Jerónimo le advertió desde el principio, que se necesitan más que buenas intenciones para cambiar el mundo.

Entremedio se muestra Santiago, la capital de un país donde las cosas se hacen a medias, están en manteción, o nunca se terminan. Un país que Jerónimo ni siquiera se molestaba en recorrer, pero que gracias al impulso de Sanna y cierto empujón familiar decide visitar, con desconfianza, y en el que se encuentra con mundos distintos. Después de la influencia de Sanna y Milton, Jerónimo termina en medio de ese país que rechazaba, pero es sólo un primer gesto, le da la espalda porque aún no lo entiende, pero al menos se atrevió a cruzar el umbral y dejar los prejuicios fuera. El que estos tres personajes estén interpretados por no-actores funciona en la medida que le suma sinceridad y naturalidad al relato.

 

Las cosas como son

Las cosas como son

 

Para terminar, es necesario reconocer que aún con lo valioso del aporte, de este gesto por querer estar con los otros, no se trata más que de eso, un gesto. El de reclamar a sus personajes para que den un paso al frente, pero sigue siendo una película en la que a los personajes parece ocurrirles el mundo, ocurrirles Chile para ser más precisos, y distante del momento en que veamos películas en las que al mundo le ocurren los personajes, del mismo modo como a los últimos gobiernos les han ocurrido los movimiento sociales. Sigue siendo éste un gesto tímido, y creo que la desconfianza y los prejuicios contra los que deben luchar los personajes equivalen con aquellos que debe sortear el público con un cine nacional que lo subestima o le da vuelta la espalda creyendo que el problema de las audiencias se reduce a que “la gente está enajenada” por el cine comercial, a que hay que “enseñarles” a conectar con las sensibilidades privilegiadas de los realizadores, cuando lo cierto es que con honestidad, simpleza y humildad como en el caso de esta película, se pueden lograr bastante más en el lenguaje trascendente del arte, que con preciosismos formales y soberbia intelectual.

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Como dicen por allí, sólo una chica emo que escucha The Cure, le gusta el animé, las mascotas, el cine y la filosofía, con tendencias adictivas a las series de TV y las papitas. En twitter @Geraldyc . Mi blog personal es Mediocrity RLZ