Construcción de una épica gubernamental en medio del movimiento social [Columna de Mierda]

Permiteme comenzar con una anécdota, estaba yo en la oficina, en la oficina se veía TVN (el canal estatal de Chile) había una marcha frente a La Moneda (la casa de gobierno), y la TV en lugar de mostrar a los cientos de manifestantes pacíficos mostraba a 5 personas encapuchadas lanzando piedras. Alguien al fondo dice: deberían apalear y sacarle la cresta  esos hueones, yo: no, ninguna persona tiene derecho a vejar a otra personas, además, la integridad de las personas vale más que los bienes materiales. Todos ríen, excepto yo.

Insisto, todos ríen.
Un buen chiste.
Se baja el telón.

Cuando sacas una foto, cuando grabas, cuando realizas cualquier acción que involucre contar una historia de forma visual, eliges un encuadre, literalmente, eliges lo que se va a ver y lo que queda fuera del cuadro (lo que no se ve) y lo que queda fuera del cuadro es tan importante como lo que se ve, porque en el proceso selectivo ocurre una acción política, hay un proceso político-intelectual (incluso moral si me apuras) en el cual seleccionas lo que muestras y lo que no. Cuando grabas ocurre un proceso de selección y por medio de esa selección construyes una narrativa, una épica. Y esta es la precisamente la técnica más importante ocupada por el gobierno para desestabilizar el movimiento social. Se trata de estrategias sacadas el manual de uso de la cultura autoritaria, la producción de contenidos oficialista desvía la atención del foco central de las manifestaciones para aumentar las medidas represivas en contra de la sociedad. Algo que en Chile no habíamos visto desde tiempos de dictadura.  Y es por medio de esta construcción de un relato épico, con protagonistas y antagonistas bien definidos que el estado Chileno intenta desacreditar a un movimiento que no quiere (ni pretende) decaer.

Quizás uno de los hitos más grande que demuestra la construcción de esta épica gubernamental es el incendio del edificio de Enel (la empresa que administra los servicios de electricidad del país, privatizada hace algunos años) todos las canales volcados en la transmisión de la torre en fuego, sin cuestionar los detalles más básicos del mismo acontecimiento, por ejemplo: cómo se produce un incendio en momentos que el edificio está cerrado para el acceso al publico, cómo se produce un incendio en una escalera contra incendios (la cual debería estar cubierta de material ignifugo), cómo es que un incendio provocado por la revuelta social comience en el piso 11, es posible lanzar un cóctel molotov hasta un piso 11, mientras ningún medio de comunicación atiende estas preguntas seguimos con la imagen de un edificio en llamas. Al día siguiente Sebastián Piñera entrega el control de la ciudad a militares, los cuales decretan el primer toque de queda en democracia.

Luego, con los militares en la calle, el relato del gobierno (a falta de cabecillas sociales o una verdadera oposición) no ha tenido más opción que construir a un enemigo: los encapuchados, el gobierno (benefactor y solidario) se ve sobrepasado por el actuar de los encapuchados, los anarquistas/marxistas/pagados por Nicolás Maduro que lo quieren destruir todo, por esta razón, los militares ordenan toques de queda, para controlar la situación y buscar apaciguar los ánimos. Y aquí, debemos detenernos a analizar el fenómeno de encapuchados y capuchas; los encapuchados por muchos años fueron segregados de las marchas, eran quienes estaban al final de la marcha, lo que comenzaban a mostrar su rabia contra el estado, poco a poco, los encapuchados fueron mutando, hoy en día son los capuchas son los chicos y chicas de primer línea, los que están justo en frente de la policía, lo que reciben en sus improvisados escudos los balines del estado, los que patean, raquetean, apagan o devuelven las lacrimógenas enviadas a los manifestantes, los que literalmente se juegan la vida (o los ojos) por permitir al resto seguir con su derecho a manifestarse, son los verdaderos protectores del pueblo, y cualquier persona que haya estado en una marcha ha visto el respeto y cariño que los manifestantes se refieren a los capuchas, es gracias estos niños que el movimiento social puede continuar, en muchas casos, las violaciones a derechos humanos han ocurrido en lugares donde justamente no hay capuchas,  donde la policía del estado puede atacar sin que exista una fuerza que se interponga entre ellos y los manifestantes pacíficos, y es que mientras la policía de estado se encarga de reprimir, mutilar, y violentar a quienes quieren un poco de lo que ellos tienen, los capuchas están allí enfrentándose inermes, sin literalmente nada que perder, porque no fuimos capaces de darles educación, salud, ni una vivienda digna.

 

Es por medio de la narrativa creada por el estado y los medios de comunicación, que se busca desbaratar el movimiento social. Están los buenos El Gobierno, Los Policias, Los Militares, y los Empresarios, y por otros lados los marxistas/anarquistas/comunistas/pagados por Mauro y Evo Morales. Parafraseando a Sebastián Piñera, estamos en guerra, contra un enemigo poderoso, que está saqueando, y quemando la infraestructura de nuestro país.

Y el chiste se cuenta solo, Sebastián, no existe nuestro país, en Chile todos los bienes son de privados, incluso el agua.

Mientras termino de escribir estos párrafos, se presentó un proyecto de ley que saca a los militares a la calle sin estado de excepción, el comunicado dice que lo hará solo para defender infraestructura critica (carreteras, tren subterráneo, electricidad, agua) ¿se darán cuenta que el chiste es que nada de eso es del pueblo, nada es del Estado, todos son bienes de un privado? y más allá de eso, los militares tendrán exención de responsabilidad penal mientras se encuentren en el cumplimiento del deber.

¿Cómo llegamos a esto? Bueno, con la construcción de una épica, todos necesitamos de una narrativa en nuestras vidas, la de Sebastián, es ser el presidente que se enfrenta a un enemigo poderoso, el pueblo.