Invasor Zim y el poder del Florpus [Netflix’s Originals]


17 años después, Netflix trae de vuelta a Zim y compañía en un especial de 1 hora con Invazor Zim y el poder del Florpus.

En 2002, cuando todos éramos jóvenes y estábamos seguros que podríamos cambiar el mundo, que no terminaríamos como nuestros padres, y que no tendríamos un trabajo de 9 a 6, la maravillosa serie de ciencia ficción, Invasor Zim, fue cancelada luego de apenas 27 (maravillosos y raros) episodios.

En este regreso, Invasor Zim y el poder del Florpus, Zim se da cuenta que sus poderosos líderes nunca han tenido la intención de ir a la tierra, producto de esto Zim pierde toda la confianza en si mismo, Dib aprovecha de este momento de debilidad de Zim.

Invasor Zim y el poder del Florpus, un especial de 1 hora

La historia continua donde queda la serie, ha pasado un tiempo desde Zim y Dib se vieron por última vez, cada uno sigue obsesionado con el otro, Zim ha estado escondido, fue su plan todo este tiempo, esperar un tiempo y luego retomar el camino hacia la destrucción del planeta.

Han pasado más de 15 años desde el Zim original, y es sorprendente como el estilo de animación, el ritmo visual, junto al humor, raro, grotesco, y esa afinidad al body-horror (que se debería traducir algo así como al horror-del-cuerpo) sigue impactando, y sorprendiendo.

Son los detalles de la animación, la exageración, el desprecio por la otredad como idea/entidad/contrario y sobre todo cuerpo posicionan a Zim como una de las series más inteligentemente tratadas visualmente, todo lo que se ve se ve por un motivo, y lo que no se ve, lo que queda por fuera, despierta la parte más tenebrosa de nuestra imaginación.

Para cerrar, a este especial se nota que le pusieron cariño, fácilmente podrían haber repetido la formula original, sin embargo se dieron el tiempo de actualizar el estilo de animación, de volverse meta en ciertas escenas, de contar un historia lo suficientemente autoconclusiva como para que podamos soñar que en 15 años más podríamos volver a ver a Zim o quizás no, porque en un mundo dominado por de refritos y sagas, la mayor rebelión cerrar nuestras historias.