Greta («La Viuda»): Un regreso al camp

Por algún motivo que no me atrevo a conjeturar, estamos viviendo en un renacimiento del camp. Ya sea como tema de la MET Gala o dentro de nuestras ficciones, este retorno –si bien extraño- supone enfrentarnos a ciertas formas de narrarnos y decir: a la mierda. Subámosle el volumen a 11, porque de otro modo repetiremos lo mismo de siempre. ¿Y no es ese el meollo del cine?  ¿Mostrarnos lo conocido de un modo fresco y excitante?

«Tome mija, una cucharadita de camp».

Aquí es donde entra Greta. En papel, es el refrito del refrito del refrito: por un acto de decencia, una joven ingenua (Chloe Grace-Moretz) desarrolla una amistad con una solitaria mujer mayor (Isabelle Huppert) que, al poco tiempo, comienza a revelar intenciones insidiosas. La vuelta de tuerca, finalmente, no está en la trama, sino en el tono: después de un rato, el velo de seriedad de la cinta es levantado para mostrar un extraño sentido del humor derivado de la exageración. No es una comedia propiamente tal, pero al mismo tiempo hay tintes tan marcadamente absurdos que es imposible no romper en carcajada. Y lo mejor es que no pareciera ser un lamentable caso de “humor no intencional”, sino algo planeado meticulosamente, bajo control. El resultado: camp. Bello camp.

¡The Piano Teacher, ahora con un 30% más de humor!

La más consciente de este tono es Huppert. Su interpretación puede leerse como una parodia de sus personajes en cintas “serias” como The Piano Teacher, y el efecto es notable. Esto tampoco quiere decir que Jordan y Huppert hayan dado a luz una obra maestra: si bien el tono de Greta es su mayor plusvalía, podría haber sido explotado con mayor ímpetu sin perder el delicado equilibrio que se había propuesto. En resumen, es una película que entiende que contar su historia de otro modo habría sido infumable; es un notable ejemplo de camp controlado, mas no llevado hasta sus últimas consecuencias. Un buen rato.

Greta se estrena en salas nacionales este 13 de junio.