The Favourite: carta abierta

CARTA A LAS SEÑORAS OFENDIDAS QUE SE FUERON EN MITAD DE LA FUNCIÓN

Estimadas:

Quiero aclarar que no represento a Yorgos Lanthimos, ni a ningún cineasta responsable de esta cinta; creo, sin embargo, que represento a un puñado de miembros de una audiencia hambrienta por ver propuestas cinematográficas frescas, atrevidas, y sobretodo divertidas.

Su Majestad no está contenta.

Considero que vuestro gesto de desertar la función de The Favourite fue muy elocuente. Estoy seguro que el señor Lanthimos lo hubiese disfrutado. Me entretiene el imaginar vuestras motivaciones: ¿fue la expectativa frustrada de un drama de época tradicional – un festín de lugares comunes, personajes constreñidos por corsés y convenciones del periodo, enredos románticos (heterosexuales), y ausencia de ambigüedades? ¿Fueron las carreras de patos? ¿Los chistes de violación? ¿El lesbianismo rampante? ¿El lenguaje soez?

Un mensaje para ustedes.

Quizá esperaban una biografía correcta de la reina Ana de Gran Bretaña (1665-1714) y su compleja relación con Sarah Churchill y Abigail Hill, dos mujeres que luchan con garras y dientes por el favoritismo de la monarca, que vive aquejada por una pobre salud física y mental. Pero se encontraron con una cinta que prospera siendo subversiva y obscena, escupiendo en la cara de su audiencia (y de la historia) con un semblante fino y elegante; una película más emparentada con El Contrato del Dibujante de Greenaway que cualquier adaptación de Jane Austen. Se encontraron con una historia liderada por tres mujeres complejas que navegan un caudaloso río narrativo, a ratos hilarante y en otros dolorosamente trágico. Y eso está bien: este es el cine que queremos ahora – extraño, impredecible, grosero. Cuánta dicha hay en saber que vivimos en una época en que una película de Lanthimos lidera las nominaciones al Oscar; que la gente la está comentando y, sobretodo, que provoca la ira de señoras como ustedes, que agendan una ida al cine previa a su inocua fiesta de té y salen espantadas, preguntándose en qué momento el mundo se fue al carajo. Pero no desesperen. No las odiamos: las necesitamos.

Buena suerte con la artritis.