Oscars 2019, ¿o 1989?

El progreso es extraño. Tendemos a pensar, ingenuamente, que una vez que llega será para quedarse; pero como dice mi psicóloga, ningún cambio grande es inmediato. Siempre existirán recaídas, y no debiésemos culparnos (demasiado) por ellas. Lo mismo pareciera aplicar tanto a escala personal como colectiva porque, como demostró la 91º entrega de los premios Oscar, se puede premiar una película como Moonlight, y dos años más tarde, coronar cómodamente algo como Green Book.
Peter Farrelly aceptando el Oscar a la Mejor Película de… ¿1989?
Si bien los problemas que carga aquella película son demasiados para abarcarlos a profundidad, me siento en terreno seguro para afirmar que esta es la peor ceremonia que he visto en las casi dos décadas que llevo siguiéndola – y que Green Book es la peor ganadora del mayor premio desde Crash, el 2006. No sólo es una cinta blanda y cinematográficamente insípida, sino que disfraza sus ideas obsoletas de relaciones raciales bajo un paraguas de conciliación facilista. Pero el clima de los tiempos actuales es cualquier cosa menos una brisa, y ese paraguas es insostenible.
Rami Malek, protagonista ganador de aquella otra cinta problemática que es Bohemian Rhapsody.
Pero remitámonos al mero problema de premiar mediocridad. Otro caso insigne fue el triunfo avasallador de Bohemian Rhapsody, que se llevó cuatro estatuillas incluyendo Mejor Actor y Mejor Montaje para un trabajo que parece firmado por un estudiante de primer año… básico. El problema de laurear trabajos con ideologías cuestionables palidece al lado de lo preocupante que resulta la ceguera de criterio para cosas tan básicas como el oficio cinematográfico; después de todo, esta es la Academia. Compuesta de personas que trabajan en esto. ¿Cómo es posible que no sepan distinguir un trabajo formalmente incompetente?
All Hail the actual Queen.
Y sin embargo, este es el mismo cuerpo de votantes que le dio tres premios a Roma, la cinta de Alfonso Cuarón que se convirtió en una de las más aplaudidas en veinte años; y a Olivia Colman como Mejor Actriz por The Favourite, -la real mejor actuación del año- por sobre la opción sentimental de Glenn Close. ¿Cómo es posible esto? ¿Cuál es la explicación sino un criterio sorprendentemente esquizofrénico?
Al final, algo queda claro: este fue el rugido de un león viejo que se resiste a morir, y reclama para sí, nuevamente, la comodidad de sus secos pastizales.