The American Meme: Una oda a lo desechable en tiempos de Netflix

e supone que todos tenemos derecho a 15 minutos de fama. Si esa premisa es real entonces las redes sociales dividen nuestros 15 minutos en bloques de 15 segundos

Se supone que todos tenemos derecho a 15 minutos de fama. Si esa premisa es real entonces las redes sociales dividen nuestros 15 minutos en bloques de 15 segundos para que sean consumidos por nuestros amigos, conocidos, colaboradores, jefes, parientes y desconocidos. La idea es que la nueva forma de vender es promedio de los influenciadores gente que va a la vanguardia, personas que están tan por delante o por sobre el resto que puede hacer que una compañía, start-up o idea se convierta en un éxito viral o desaparezca en el olvido. Vivimos en un mundo donde la hiperconectividad es tan importante que nos olvidamos que realmente estamos solos, y de eso habla un poco The America Meme.

The American Meme, el nuevo sueño americano

Si en la década de los 40s el sueño era tener un buen trabajo, una casa, una familia compuesta por un hombre, una mujer y  2.5 niños, un jardín grande, un perro, y una casita en la costa -o el campo- para pasar las vacaciones, ahora vivimos en el tiempo de lo desechable, su todos los sueños de baby boomers tienen que ver con la permanencia, los sueños de los millenials tienen que ver con lo inmediato y la gratificación rápida, así, The American Meme, nos habla de lo solitario que puede ser tener más de 10.000 seguidores, amigos, fans o como sea que se llamen en la próxima red social de moda; y de paso pone en evidencia el problema de querer la inmediatez cuando los procesos toman tiempo.
La estructura es bastante simple, entrevistas y anécdotas nos van dando pie a un reportaje sobre como las redes sociales han cambiado la vida de ciertos personajes, de como la publicidad ha sido transformada gracias a la inmediatez que permiten las nuevas formas de comunicación que no están filtradas por la prensa o los representantes (o por lo menos esa es la idea que nos venden) pero el reportaje no logra salir de allí, se queda en mostrar lo que sucede sin atreverse a profundizar en ninguno de los temas que trata, no habla de la soledad, de la hiperconectividad, de la hipérbole, de la vida que queda afuera del cuadro rectángulo que muestra Instagram, y allí es donde se demuestra que realmente es el reportaje sufre de los mismos pecados que sus protagonistas, todo es realmente-falso, y termina olvidando que el espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes.