Into The Dark: El Accidentado Debut De La Nueva Serie de Terror de Hulu

La gran novedad introducida por Into The Dark, la nueva serie de Hulu, es su formato. Son 12 episodios a estrenarse mensualmente, cada uno inspirado en alguna festividad celebrada durante su mes de estreno (la primera es Halloween). O sea, 12 relatos independientes y autoconclusivo a cargo de un equipo creativo diferente, con una extensión aproximada de 90 minutos, lo que los ubica en esa categoría híbrida tipo “película de TV”. Aunque a juzgar por su estreno, Black Mirror no tiene nada que temer, todavía.

A cargo de Paul Davis, y basado en su cortometraje del mismo nombre, The Body sigue a un (poco) carismático asesino a sueldo que para escapar de la atención policial decide aceptar la invitación de un grupo de millenials a una fiesta. Wilkes (Tom Bateman) ejerce una suerte de fascinación entre los jóvenes quienes creen que el cadáver que arrastra envuelto en papel de cocina es un muy bien elaborado accesorio de su disfraz tipo Psicópata Americano. El chiste está en que no lo es, Wilkes fue contratado para asesinar a una celebridad y entregar su cuerpo a determinada hora durante la noche de Halloween.

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En espíritu, The Body es una suerte de collage autoconsciente de los hitos del slasher setentero. Con escenas de asesinatos sumamente gráficas, y la liviandad estereotípica de sus protagonistas es evidente que su objetivo es antes que todo entretener.  Y que no se trata en ningún caso de una historia que se tome demasiado en serio a sí misma.

Sin embargo, ni el humor ni el terror le alcanzan para ser el pálido homenaje al éxito de Bret Easton Ellis. Podríamos atribuir sus problemas al tono, a la falta de determinación del mismo o a la poco efectiva puesta en escena. Podríamos argumentar que la historia de Wilkes simplemente no da para mantener el suspenso durante ochenta minutos. Pero lo que resulta más lamentable no son sus desaciertos narrativos sino que al igual que las máscaras que usamos diariamente (y a las que el propio Wilkes alude como parte necesaria de la sociabilidad), The Body es un accesorio que emula la estética del terror pero carece de la sustancia que lo hace efectivo.

Comparado con ese personaje sobre el que tan desesperadamente intenta comentar, Wilkes no tiene densidad alguna. Mientras la superficialidad de Patrick Bateman es aparente, y sirve como vehículo para narrar la angustia de pertenecer a una clase que sólo te juzga por dicha superficie, que es a su vez el terreno en el que debes diferenciarte de los otros (pero no demasiado) evidenciando la tragedia de un hombre condenado al anonimato. The Body es un anecdótico relato sobre un asesino que se siente más inteligente de lo que en realidad es.