The Handmaid’s Tale Final de Temporada: La Revolución Conservadora

Estrenada por Hulu el año pasado, The Handmaid’s Tale destacó rápidamente por su calidad estética y su refrescante narrativa enfocada en mujeres. Ayudada por la impecable interpretación de Elisabeth Moss, que canaliza en pocos diálogos y muchos gestos los numerosos padecimientos de June, o mejor dicho, Offred, una novata handmaiden que se incorpora a la economía reproductiva de Gilead. Y por último, otro de los aspectos más aplaudidos es lo contingente que resulta la distopía que instala Margaret Atwood: un país arruinado por la crisis de fertilidad encuba un régimen religioso y autoritario en que las mujeres son obligadas a ser madres, o más específicamente, a parir.

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Las posibles ramificaciones de un mundo en el que ya no nacen niños es también el escenario de la impecable “Children of Men” aunque el tono aquí es mucho más oscuro. Y al final abierto de la novela, la serie de Hulu le suma una segunda temporada llena de más sufrimiento, más violencia y una esperanza que parece cada vez más lejana.

the handmaiden´s tale - june

Es aquí donde empiezan los problemas. Durante su primera temporada, los muchos, muchos, padecimientos de June y las otras handmaidens fue difícil de contemplar. Difícil pero importante, argumentarán algunos sin estar equivocados. Un dolor que se mantiene íntegro durante sus primeros 10 episodios pero al prolongarlo por otra decena de capítulos, emerge la preocupación por  hasta qué punto la explotación del sufrimiento es válida como recurso narrativo y hasta qué punto se convierte en efectismo.Una línea sin duda delicada y que, me atrevo a sugerir, descansa también en la extensión temporal de las series.

Sin embargo, la violencia explícita no es el único problema de esta segunda entrega, ni el más importante. Pues la mayor de sus inconsistencias es plantear la necesidad de un espíritu revolucionario -aquí Gilead funciona como una contrapunto a nuestra propia realidad- sin atreverse nunca a romper paradigmas. Diferente es el caso de una realizadora como Lynne Ramsay que se atreve a retratar la más oscura idea concebible dentro de nuestra cultura judeo-cristiana: una madre que aborrece a su hijo, dibujando parte de la complejidad femenina resistiéndose a reducirla.

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Pero en el caso de The Handmaid´s Tale todas las mujeres, sin importar el grado de opresión que padezcan, parecen defender la maternidad con un ahínco ingenuo. Sólo una de ellas, por desesperación, intenta arrebatarle su hija a Gileard. Pero ante el peligro de explorar el paradigma de Medea, la serie adquiere una postura mucho más conciliadora. No vaya a ser que creamos que en un mundo que fuerza a las mujeres a producir niños en serie negarle los niños al régimen a través de la muerte sea una método real de corrosión al sistema.

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Este descansar en la simpleza del binomio: los buenos son las víctimas y los malos los opresores, le resta fuerza a su intención por establecer un debate crítico sobre la femineidad, la escasez de representación (a la que deberíamos agregar también una falta de complejidad en la misma), simplificando a sus protagonistas.

Pero ¿puede una serie defender la causa feminista y el mismo tiempo introducir personajes femeninos detestables e incorrectos? La respuesta es sí, por difícil que parezca. Y la prueba esta en otra serie de la misma data de pero que ha recibido quizá menos atención, inmerecidamente, Glow.