The Endless: Las Virtudes del Terror Indie


The Endless: Las Virtudes del Terror Indie

¿Se han preguntado porqué cada vez con más frecuencia encontramos en cartelera películas de terror que son virtualmente iguales? Se componen a partir de una receta sencilla: reemplazar atmósfera por efectos especiales que generan reacciones inmediatas, los agotadores jumpscares, porque sólo buscan la distracción momentánea.

Y para aquellos que miramos con nostalgia la decadencia de un género otrora tan generoso en reflexiones sociales, el paisaje indie aparece como un oasis. A la estandarización repetitiva que denuncia Terry Gilliam (entre otros consagrados que han optado por marginarse de una industria cada vez más constreñida), el mundo del cine independiente ofrece joyas como The Endless. Una película sobre dos hermanos que, frente a la miseria de la vida moderna en las democracias liberales capitalistas, deciden regresar al culto de muerte-adorador-de-alienígenas en el que crecieron.

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La gran virtud de Justin Benson y Aaron Moorhead es que entienden el lenguaje con el que están trabajando. Y es así como con un presupuesto irrisorio para los estándares hollywoodenses,  construyen un cuento aterrador que juega con grandes preguntas sin otra pretensión que entregarnos una experiencia completa y compleja. Ambos dirigen y protagonizan ésta, una de las mejores películas de lo que va del año.

Lo primero que se hace evidente en The Endless es la extrañeza que rodea a los hermanos. Esa sensación de estar fuera de lugar en un mundo que nunca se nos explica del todo. Un ambiente enrarecido que también rodea Camp Arcadia, la comunidad en la que nadie envejece y que a cambio de esta suerte de inmortalidad hacen un sacrificio no menor. El ingreso de los hermanos nos permite conocer esta galería de personajes extraviados, al igual que ellos, que parecen existir sin estar aferrados a nada salvo la comunión que conforman. En un espacio que les permite explorar todo aquello que la vida de asalariados nos niega: construir intimidad, hacernos preguntas importantes y reflexionar sobre lo que somos. the endless

Esta última es quizá la reflexión más pertinente de The Endless, que pone en tensión la lógica de la narrativa progresiva y a su vez, del optimismo que sugiere el progreso al contraponer episodios que se repiten circularmente, y dejar en evidencia que nada hay de libre en la vida que llevamos. Esa en la que estamos condenados a producir para poder satisfacer la demanda de los productos que nosotros mismos creamos, todo sea por mantener el capital circulando.

Pero sin ser la única película de ciencia ficción que aspira a retratar la miseria de nuestras existencias -pensemos en algún ejemplo reciente como la nueva adaptación de HBO de Fahrenheit 451– lo que la separa del resto es que se dedica a construir una historia que funcione cinematográficamente, en vez de hacer filosofía simplificada. Su narrativa episódica, la unión de esos fragmentos perturbadores, sumado a un diseño sonoro perfecto (de paso, aplausos para James Lavelle) son la receta detrás de una película que no da tregua.

Al final, The Endless  lidia con el estar atrapados, atrapados en una vida rutinaria, atrapados en una existencia superficial e insignificante y cómo esto nos equipara con aquellos personajes que habitan los ecos de un tiempo que se repite infinitamente. Aislamiento y cómo la lógica del culto atrae porque promete una vida llena de sentido y la salvación eterna. Y es un respiro frente a las películas tipo fin-del-mundo que cada vez entregan menos.