The Americans El Final: 2 Lecciones Para Recordar


The Americans El Final: 2 Lecciones Para Recordar

Menos es más, dicen. Y en el caso del final de The Americans, menos es demostrar que no es necesario recurrir al sensacionalismo para entregarnos un final desgarrador. Porque la muerte no es lo mismo que la pérdida. Y cuando tienes personajes tan bien desarrollados (por intérpretes tan hábiles, además) cada pequeña despedida se siente como una muerte.

Es la lección más urgente que nos deja The Americans luego de seis temporadas en emisión. Entender que en un universo de producciones que tratan la violencia de la forma más banal, utilizando la muerte de sus protagonistas para manipular emocionalmente a una audiencia adicta a esa prótesis de dolor (te hablo a ti GOT), recordar las ramificaciones de la pérdida nos obligan a una reflexión mucho más importante. Ya no sobre la inevitabilidad de la muerte sino sobre el valor de la vida. Y sólo por esto, merece todos nuestros aplausos.

The Americans

Quiero recalcar además que se trata de una serie de espías soviéticos, y un final que ocurre durante la transición de la era Gorbachov. Pero esta repentina valoración de la vida al evitar usar los homicidios como una herramienta para generar impacto es algo relativamente nuevo en la serie. Porque, por supuesto, gran parte del trabajo de los espías y de los agentes del FBI tiene que ver con asesinatos. Sin embargo, desde la temporada anterior que cada muerte comienza a tener un impacto mayor en el espíritu de Philip, Stan e incluso de Elizabeth. Y como consecuencia inevitable comenzamos a repensar la vida, sus vidas, como lo que queda después de haber terminado con tantas otras.

Por otro lado, aunque esta es la lección más importante que nos deja The Americans, no es la única. Después de todo, se trata de una serie cuya premisa parece una loca fantasía pero que surge de una historia real. Lección dos: la vida es más loca que cualquier ficción.

¿Con qué nos quedamos al final? (alerta de spoilers). Con dos escenas cruciales: la confesión en el estacionamiento y la secuencia del tren. La primera porque lo que hacen Matthew Rhys y Noah Emmerich, convertir una compleja despedida en una de las conversaciones más desgarradores que hayamos tenido el privilegio de ver en este formato durante el último tiempo. La ruptura y el encuentro de una amistad entre dos hombres que vive éste, su único comento de completa honestidad, recordándonos que al menos tuvieron la fortuna de verse las caras completamente. Y que es más de lo que podemos decir de nuestras propias relaciones. Y por último, la escena del tren que pone a Rhys junto a Keri Russell juntos, por primera vez. Ya sin el uniforme del espionaje, sino como padre y madre frente al abismo de perder a sus hijos.

Todos detalles que convierten a The Americans en un visiona obligatorio. En especial para quienes esperan un poquito más de lo que se les promete.

 

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