El Final de Legion – ¿Qué Salió Mal?


El Final de Legion – ¿Qué Salió Mal?

No es fácil escribir sobre el final de Legion porque no es fácil determinar con exactitud qué es lo que estuvo mal con esta temporada. Puedo comenzar diciendo que retomé mis temores iniciales, que la propuesta de Noah Hawley es una reflexión sobre la verdad, y por extensión sobre la realidad, cuya principal manifestación es el juego constante con la representación de la misma aplicado a la historia de un personaje que por su naturaleza, permite que la narración transite ambiguamente entre el mundo material y el sensible. Que la indeterminación de las fronteras entre ambos planos le permite a Hawley una aproximación formal no convencional. Pero  las piruetas formales conservan su sentido en relación a la reflexión que proponen hasta cierto punto, y más allá de ese punto entran en el espacio de la experimentación por la experimentación y la serie se transforma en una de esas producciones “inteligentes” preocupada constantemente de hacérnoslo saber.

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¿En qué momento Legion cruzó la línea? Probablemente desde que decidió involucrar temas contingentes dentro de una esquema narrativo que prioriza ideas antes que emociones. Y los personajes, creados a imagen y semejanza de nosotros las personas, se mueven entre ambos. En este sentido considero importante aclarar dos cosas que parecen confundirse durante esta temporada: primero, los personajes no son argumentos, y segundo, citar a un montón de filósofos no es hacer filosofía.

Por mucho que disfrutemos la voz de Jon Hamm, hacer un paralelo entre el símil de la caverna platónica y la “proyección de la realidad” que nos ofrecen las pantallas de nuestros dispositivos virtuales es un esfuerzo aplaudible por debatir sobre el rol que juega la tecnología en nuestro ethos social. Sin embargo, las implicaciones de dicha proyección requieren de un tiempo y una rigurosidad analítica que la serie no está dispuesta a proporcionar y por lo tanto, queda reducida a un simple enunciado. Más adelante, la serie sugiere que la verdad es según se la perciba, un giro fenomenológico que aunque interesante también se diluye en una serie de escenas estilizadas que no aportan demasiado ni a la historia ni a la lectura sobre la verdad que pretende instalar.

Para probar que es la percepción y no los hechos la que pesa al momento de construir nuestra imagen-mundo, la serie debe recurrir a un acto de violencia efectista e innecesario. Podríamos argumentar que un ejercicio creativo de esta índole no es sencillo y que este tipo de faltas son esperables. Pero recordemos que no es Legion la primera serie que pretende explorar la idea del mal, la felicidad y las apariencias. Pensemos en Twin Peaks (porque no me digan que la Sid del futuro no es un reflejo de la Laura Palmer de la Black Lodge), y en como David Lynch ocupa la confusión para invitarnos a un verdadero viaje al infierno. En Twin Peaks puede que la narrativa no sea lineal, que la representación no sea realista, pero el terror es real. Las emociones que subyacen en sus protagonistas son tan genuinas como las nuestras, y por eso podemos conectar con ellos aunque no sepamos lo que está pasando.

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La transformación de héroe a villano de David en Legion, o su tomar consciencia de que nunca fue un héroe, es difícil de asimilar porque no sólo la forma de contarnos el proceso se siente artificial sino también su propio espectro de emociones. Existe una diferencia fundamental entre autenticidad y realismo cuando se trata de contar historias. No es necesario que la historia sea verdadera (si es que existe tal cosa como la verdad) ni siquiera que sea 100% verosímil, pero el arte incluso en la más abstracta de sus expresiones sigue remitiéndonos a nuestra propia condición como especie.

En Conclusión…

Al final, la segunda temporada de Legion tiene sus momentos de ingenio bien aplicado. Hace un esfuerzo por introducir reflexiones sobre temas importantes como la intolerancia y la enfermedad mental. Pero se pierde en el goce de su propio formato. Deleitándose con el uso ingenioso que le da a la música y otros elementos narrativos importantes, esforzándose en recordarnos lo que la separa de esas otras producciones de acción y superhéroes. Olvidando, por ejemplo, que la transición de héroe a villano musicalizada con los The Who es algo que hice -hace unas 3 temporadas atrás y sin ninguna pretensión- SUPERNATURAL.