13 Reasons Why: Una Accidentada Segunda Temporada

13 Reasons Why se plantea a sí misma como una serie que intenta aportar al debate sobre salud mental, abuso entre adolescentes, y la simbiosis que a menudo se produce entre ambos. En virtud de esto, durante su primera temporada se muestran escenas de violencia -incluida la muerte de Hannah-  en secuencias que muchos condenaron como “demasiado gráficas”. Sin embargo, la premura por discutir estos temas le permitió a la serie salir airosa de dichas acusaciones, reconociendo su esfuerzo por lidiar con temas complejos.

Algo de eso permanece en esta segunda temporada, que incluye advertencias de miembros del cast y un recordatorio de las líneas de ayuda disponibles para quienes estén pasando por alguna crisis similar. Pero ya no se trata de dilucidar las razones por las que Hannah tomó esa decisión sino de las consecuencias que eso, y el juicio en que actualmente se encuentran sus padres que demandaron a la escuela por negligencia, tienen en la vida de los protagonistas de las 13 cintas.

Si tuviera que emitir un veredicto para esta segunda entrega, sería: culpable de todo lo que temíamos pero no por las razones obvias. Por un lado, sí, el juicio supone un vehículo narrativo menos impactante que los audios que Hannah dedicó a cada uno de quienes contribuyeron en su decisión por lo que la historia tiende a cojear cuando se trata de explorar las historias de cada uno de sus protagonistas. Y sí, para poder recrear el impacto que supuso el final de la temporada anterior, la serie se ve obligada a incluir otro episodio de violencia brutal y que esta vez vincula con uno de los temas más difícil de tratar en su país de origen: (advertencia de spoilers) los tiroteos en las escuelas.

1 reasons why

Pero, personalmente, no creo que el problema esté en la forma en cómo sus protagonistas reaccionan a las cosas que les pasan ni en que ciertos episodios perturbadores se decidan tratar de forma explícita. La historia del arte está llena de obras que logran hacerse cargo de los problemas contemporáneos, por muy perturbadores que sean, con maestría. Que prueban que la honestidad y el compromiso son condiciones de posibilidad de un arte que no puede sino ser verdadero. El problema es que las buenas intensiones no siempre alcanzan, en especial cuando la presión por continuar una franquicia o generar una determinada respuesta en el público pesan tanto en la ecuación.

Y este es el gran problema de la segunda temporada de 13 Reasons Why. Una serie que quiere brindar respuestas a cuestiones que exceden la manifestación material inmediata que trata de representar. Y sus límites están en la profundidad de sus reflexiones. Porque, en última instancia, al brindar backstories de los abusadores sugiriendo que el problema no es inherente a su naturaleza sino más bien potenciado por las condiciones particulares de sus crianzas ¿no está la serie tratando de explicar “la sustancia del mal”?  y lo que es más importante ¿podría una serie de trece episodios inserta en una industria para el entretenimiento estar realmente a la altura de una reflexión que la propia filosofía lleva milenios tratando de resolver? 

13 Reasons Why - hannah

Al final, la inmadurez formal y su falta de profundidad -en virtud del rigor que demanda la complejidad de los temas que trata- le restan autenticidad y dejan en evidencia las contradicciones del formato versus la calidad de discurso que se le pide que tenga.

La 2da temporada de 13 Reasons Why ya está disponible en Netflix.