La Muerte de Stalin, o reírse ante el horror de nuestros líderes

Los líderes ineptos son una fascinación perenne de Armando Iannucci. El creador de In The Loop y la laureada Veep goza de una mirada incisiva para la sátira política (aunque la verdad, reconocer la torpeza de nuestros mandatarios no es una tarea hercúlea), y así lo demuestra una vez más en la reciente The Death of Stalin, basada en la novela gráfica francesa La Mort de Staline. Ambientada en la URSS de 1953, la cinta relata las frenéticas luchas de poder que suceden luego de la muerte del máximo líder soviético, Iósif Stalin.

Una banda de tarados en el funeral del dictador.

Tras sufrir un derrame cerebral, Stalin queda incapacitado en el suelo de su oficina sobre una piscina de orina (un detalle exquisito y, por lo demás, históricamente preciso), lo que desencadena que un comité de tarados y corruptos intente tomar el control del Estado. Algunas de sus responsabilidades incluyen el manejo del funeral y las controvertidas listas del dictador, donde detallaba los nombres de quienes debían ser fusilados. Mientras intentan cumplir con estos deberes, los miembros del comité (encarnados por nada menos que Jeffrey Tambor [Arrested Development], Steve Buscemi [Fargo], Michael Palin [Monty Python], entre otros) confabularán los unos contra otros para arrebatarse el poder.

El mayor logro de Iannucci descansa en un territorio bastante similar a lo que lograron grandes como Kubrick y Gilliam. La superposición entre lo horroroso y lo hilarante es algo que hicieron anteriormente, con absoluta maestría, las icónicas Dr. Strangelove y Brazil. La diferencia entre una comedia benigna y sátiras como éstas, es que son capaces de señalar que la incompetencia de estos personajes puede resultar en la muerte de millones. ¿Cómo no reírse ante la impotencia de ver que algo tan simple como una ofensa leve puede terminar con la vida de alguien? Pero al mismo tiempo, ¿podemos realmente reírnos y sentirnos a salvo, en un mundo en el que existen Donald Trump y Kim-Jong Un?

por Iván Ochoa