[MiniReview] Ready Player One


[MiniReview] Ready Player One

En Ready Player One Ernest Cline nos revela lo que yace en el nostálgico corazón de todo fanático con una historia que enfrenta la perversa ambición empresarial con la noble aspiración juvenil a terminar con la injusticia, involucrando además preciados títulos de varias de las piezas que componen nuestro sensorium ñoño actual. En su adaptación al cine Steven Spielberg, emblema viviente de dicha sensibilidad, hace coincidir su habilidad narrativa con su curiosidad formal demostrando que es posible incorporar códigos de los video juegos en una película potenciando la eficacia de sus épicas secuencias de acción que satisfacen nuestra proyección de lo leído.

Esta amalgama de formatos funciona dentro de los límites de lo esperado, justificando las pequeñas modificaciones respecto del material original. Aunque las razones del éxito de Oasis como plataforma virtual quedan ya bastante claras en el libro (la inequidad de un mundo miserable es superada por la promesa de igualdad en el espacio inmaterial), Spielberg introduce una inflexión haciendo recaer el peso de la reflexión sobre qué es lo que perdemos mientras estamos conectados con este mundo que aparentemente nos entrega tanto. Concluyendo que la realidad no es sólo ineludible sino que además el único espacio donde pueden y deben hacerse las reformas necesarias.

Ready Player One - Tye Sheridan

Spielberg traslada el foco de atención desde el triunfo del idealismo por sobre la avaricia que encontramos en el corazón de la novela, hacia una celebración de la vida por sobre el hedonismo que soporta la lógica de la evasión, y parece que su mensaje final fuese: choose life. Sin embargo, si en el mundo de Wade la realidad es lo que se padece entre el log out y el log in en Oasis, en nuestro mundo la realidad es aquello que ocurre también -y sobre todo- durante los 140 minutos que Ready Player One se proyecta en la pantalla frente a nuestros ojos. Lo que nos hace sospechar que hay un límite en este goce del día a día en el mundo real, porque sin nuestra necesidad de evadir las circunstacias que nos oprimen no existiría este gran aparato al que Cline rinde culto y del que Spielberg es hijo ilustre.