La última película de Disney/Pixar Coco, trata sobre la extraña festividad Mejicana de el día de los muertos, ese día en el cual los muertos viajan al mundo de los vivos para encontrarse en familia y compartir un rato. Detrás de esta idea está la típica trama de Disney, rechazo de lo establecido, encontrar el lugar en el mundo, aceptar las diferencias, convivir pacíficamente. O no?

La verdad es que  Coco se convierte en una forma de adoctrinar a los pequeños. De enseñarles religión, de enseñarles el valor de la familia, de enseñarles ideas que parecen de otro siglo. En tiempos donde la gente lucha por las familias no-convencionales, donde la familia ha de dejado de ser -necesariamente- los seres con los que compartes ADN y se ha convertido en quienes te apoyan y están allí para ti en cada momento, nos llega un relato sobre lo importante de la familia con la que compartimos sangre, lo importante de recordar a nuestros ancestros. Por lo menos nos debería preocupar quienes son las personas detrás de presentar estas ideas jóvenes mentes impresionables.

 

 

Se puede argumentar que  la idea de Coco es presentar la muerte como algo amable a los niños, algo que sucede, como lago que no es tan terrible, porque existe vida al otro lado del puente, porque siempre viviremos en el recuerdo de los demás, porque somos más que solo carne, hueso y nervios -muchos, muchos nervios- y esas ideas me recuerdan demasiado a ciertas religiones. En tiempos donde la gente se pelea sobre porqué Star Wars ya no gusta, si es por el empoderamiento de las mujeres o por la nostalgia inherente del pasado, en tiempos donde se pide un cambio, nos llega un historia moral propia de los años 80s y todos la abrazan porque la canción central los hace llorar, hay algo terriblemente  perverso en aceptar ciertas ideas como si fueran ciertas sin siquiera cuestionarlas y cuestionar otras hasta el absurdo, hay algo terrible en sentarse a mirar una película y para por obvio que en el más allá la separación de clases aún existe, que no hay escape al capitalismo, al trabajo, a tu jerga e idioma, a tu posición socio-cultural que incluso en el más allá seguirás siendo lo que ya eres.