Sobreanalizando: Wonder Woman


Sobreanalizando: Wonder Woman

Existen al menos dos modos de abordar Wonder Woman. El primero es a través del prisma de los fanáticos de las películas de superhéroes, y los desesperados por hallar en el DCU un poco del humor y el optimismo que le sobra al MCU. El segundo, desde la perspectiva de aquellos que -expuestos año a año a decenas de blockbusters que siguen religiosamente los 12 pasos del viaje del héroe- comienzan a exhibir síntomas de fatiga. Y, dependiendo del grupo que sientan más propio, la experiencia de La Mujer Maravilla es totalmente distinta.

 

Como esperábamos, se trata de una historia de orígenes más o menos abreviada. Nos muestra un poco de la infancia de Diana entre las amazonas, su entusiasmo por convertirse en una gran guerrera como su tía Antíope (Robin Wright) y los recelos de su madre, la reina Hipólita (Connie Nielsen), que busca protegerla de la guerra (tristemente, aunque el personaje de Pentesilea existe, sólo forma parte del ruido de fondo). Steve Trevor (Chris Pine) aparece y tras de él, una flota de soldados alemanes que se enfrentan al ejército de la reina. El costo de esta batalla sirve como “llamado a la acción” y es el comienzo del viaje de Diana hacia el mundo del hombre para protegerlo de la influencia de Ares, que es su telos.

Lo que siguen son secuencias de acción grandilocuentes -pero bastante convencionales dentro de este cuasi género- que ilustran la naturaleza divina de Diana. Ubicándola como corresponde, en la cima de los superhéroes DC. El énfasis que Patty Jenkins pone en estas escenas, se condice con el deseo de entregarle a las nuevas generaciones una heroína fuerte e inspiradora, que ocupe también su legítimo lugar en el competitivo mercado del merchandising. Asimismo, el guión de Allan Heinberg se alinea bastante bien con el resto de las películas de origen exitosas, dándole espacio al humor e incluso al romance (delicadamente calculado para no herir sensibilidades).

Razones para celebrar

Wonder Woman está hecha a la medida de quienes buscan historias catárticas en las que el héroe se sobrepone a todo, incluso a su propia desilusión hacia la causa que defiende, dejando al mundo un poquito mejor de lo que estaba antes. Tiene todo lo que se espera de ella: peleas espectaculares, una heroína imbatible pero no indolente, optimismo, y valores nobles que triunfan aún frente al panorama más oscuro. El contraste entre el mundo idílico de Temiscira y el horror de la Primera Guerra acentúa la violenta transformación que sufre Diana (Gal Gadot que transita con relativo éxito entre el drama épico, la comedia romántica y el suspenso bélico) sin la necesidad de trasladar al espacio del diálogo, sus evidentes procesos internos.

Wonder Woman - Gal Gadot

La fortaleza femenina en paisajes hostiles, enfrentada a crímenes violentos es un tema que Jenkins ya había abordado en The Killing. Forjada en medio de este nuevo paradigma, las heroínas de Jenkins parecen apáticas, pero detrás de esa primera máscara que usan por necesidad, se esconde la calidad de personajes que no hacen la vista gorda, al contrario, no importa qué tan devastador parezca, están dispuesta a dar la pelea hasta el final.

El mensaje final es la fe. El poder de las convicciones, de creer en algo sin importar la evidencia en su contra. Diana supera la ilusión del binomio bueno/malo que vincula los defectos del hombre a la influencia de algún Dios celoso, y toma la decisión por sí misma de continuar defendiéndonos.

Wonder Woman nos recuerda un poco a Captain America: The First Avenger, que muestra cómo las más crueles circunstancias despiertan la nobleza. Con el humor tipo “pez fuera del agua”, y las referencias mitológicas de la primera Thor (qué interesante sería ver a las amazonas cara a cara con las escuderas vikingas). Así, bajo los estándares de la industria, La Mujer Maravilla es la heroína por la que el público ha pedido tanto.

Wonder Woman - Gal Gadot

Reflexiones finales

Considerando que desde hace ya varios años tienen sobrepoblada la cartelera, podemos intentar trazar la línea entre lo que es una buena película de superhéroes, y una buena película a secas. Por ejemplo, El Soldado de Invierno es una buena película de superhéroes, Logan en cambio, es una buena película. No son mutuamente excluyentes, pero no siempre se cumplen ambas.

Y es con este segundo grupo que Wonder Woman queda al debe. Porque la estructura narrativa es tan apegada al estándar que es posible proyectar desde la primera escena, todo el arco emocional de su protagonista. Porque su representación de la primera guerra es también genérica, con la guerra de las trincheras y el gas mostaza, aunque lo que más moleste es oír -otra vez- a soldados alemanes hablando perfecto inglés.

Pero también porque las secuencias de acción sólo están ahí para agregarle espectacularidad, y no difieren mucho de ninguna de las 72653721653 batallas por salvar el mundo, que nos han mostrado antes. Entonces, es imposible no lamentar el hecho que, para ser una película cuya urgencia radica en romper paradigmas, se contenta demasiado pronto con perpetuar la tiranía narrativa de las películas de acción contemporáneas.

 

 

Wonder Woman estará disponible en salas a partir de este jueves.