Un Golpe Con Estilo [MiniReview]


Un Golpe Con Estilo [MiniReview]

Hay dos películas coexistiendo en “Un golpe con estilo”. La primera es una comedia de fórmula sobre tres ancianos orillados a robar un banco para deshacerse del letargo y reclamar dignidad. La segunda es un drama sobre un mundo en el que los únicos con atisbo de responsabilidad social son los niños y otros ladrones de bancos. Y este es el principal conflicto de este remake a cargo de Zach Braff, la subyugación de la segunda por la promesa más lucrativa de la primera.

Michael Caine, Morgan Freeman y Alan Arkin son tres jubilados disfrutando de los beneficios de la tercera edad: maratones de reallity tv, cafés mediocres, fallas renales, hipotecas obscenamente altas, y familiares ingratos. Pero como ningún sistema de aniquilación de la dignidad humana está completo sin anteponer los intereses corporativos a las necesidades básicas de las personajes, nuestros tres protagonistas pierden sus pensiones cuando la empresa a la que dedicaron 3 décadas de fuerza laboral se traslada a Vietnam. Ahí, y sólo ahí, estos tres ex-asalariados deciden robar un banco.

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Entonces, el calculado guión de Theodore Melfi (replicando el mismo ánimo tipo “nunca quedas mal con nadie” que vimos en Hidden Figures, su trabajo anterior) nos conduce por la aventura de tres ancianos que juegan a desobedecer una ley que sólo ampara a los que viven con los bolsillos llenos. Pero hay una disonancia cuando la policía los acusa de delincuentes, cuando el vocero de la empresa para la que trabajaban les pide un perdón vacío, cuando el ejecutivo de banco justifica su indolencia y se esconde tras los tecnicismos legales que justifican la usura. Y esa disonancia nos recuerda que aunque la risa es el último gesto de impotencia, “Un golpe con estilo” prefiere el sencillo efecto cómico de las equivocaciones al reclamo impotente de un grupo olvidado.