Estreno: Silence


Estreno: Silence

Me tomó más de diez días encontrar las palabras para escribir de Silence. Una dificultad que habla por sí misma, que evidencia lo difícil que es traducir las experiencias cuando calan hondo. De todos los peregrinajes cinematográficos de Scorsese, este es el más violento. Para quienes están dispuestos; representa un desarme irremediable. Pero para quienes insisten en mantener sus muros frente a la gran pantalla, es una película lenta con linda foto.

Sí, se trata de una de esas películas “no aptas para todo público”. Lo que no significa que aquellos “aptos” formen parte de la aristocracia intelectual, ni que participen de una sensibilidad especial. Silence no es una película elitista, no usa rebuscadas figuras para separar a los espectadores entre expertos y aficionados. Al contrario, Scorsese recurre a la sobriedad narrativa para enfatizar la universalidad de las dudas de Rodrigues (Andrew Garfield), reservando las metáforas sólo para visibilizar su lucha interior.

Y puede que esta historia no sea tan marketeable como la de James Conway (ni tan polémica como el de Jordan Belfort), pero la motivación de Scorsese para contarla es también distinta. Sobrecogedora es la solemnidad con que Rodrigo Prieto retrata el dolor de los cristianos perseguidos. Torturados con herramientas de esa naturaleza que su fe menos precia, en favor de la voluntad divina. Pero es el sonido el que agrega una capa de complejidad haciendo del paisaje, un segundo antagonista. Con una música que hace palpable el desencuentro de dos cosmovisiones irreconciliables.

Andrew Garfield explora los límites de la fe -de nuevo- interpretando al padre Rodrigues.

¿Llega a alguna conclusión sobre la naturaleza de la fe? No. Pero sí muestra tensiones que hoy tienen tanta vigencia como en el siglo XVII. Por ejemplo, las consecuencias políticas de la religión particularmente en relación al colonialismo. Un choque que Inoue (Yoshi Oida) intenta explicar a Rodrigues, y que nos recuerda las tensiones políticas en Europa durante la reforma, o las del propio Japón durante su intento por expulsar al budismo en el siglo XIX.

Tambien explora las diferentes interpretaciones de una misma fe; mientras los jesuitas ven en el martirio un valor cristiano primordial, para los pobres campesinos japoneses la alegria de la muerte viene por el cese de la precaria vida que llevan. Y por último, la vanidad que esconde la retórica del entendimiento espiritual, representada por un altivo par de sacerdotes que demandan oír la voz de Dios así como convertirse en embajadores de Cristo en la tierra que aniquiló a su maestro.

Tadanobu <3 Asano

Como siempre, Scorsese acierta con el cast. Aunque no había dudas sobre lo que Garfield, Adam Driver y Liam Neeson le aportarían a los personajes de la novela de Shûsaku Endô, es la presencia de actores como Yōsuke Kubozuka, y Tadanobu Asano lo que nos recuerda que por cada estrella de Hollywood perdemos a inumerables talentos fuera de sus fronteras (habría que ver cómo se las arregla Casey Affleck para darle vida a un Kichijiro).

Sé que es un poco contraproducente decir esto después de dar las lata en seis párrafos, pero Silence es una de esas películas que es mejor ver. Ojalá solos, ojalá en un cuarto oscuro con pantalla grande.

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