Estreno: Logan, El Punto Final Que Hugh Jackman Merece


Estreno: Logan, El Punto Final Que Hugh Jackman Merece

Logan no es una película prodigiosa, pero se construye sobre decisiones inteligentes. Primero, no tiene la necesidad de continuar una franquicia, lo que le permite servirse sólo a sí misma. Y segundo, no tiene que blanquear su crudeza para ser apta para públicos infantiles. Dos de los aspectos -subyugados a la rendición en taquilla por supuesto- que tienen al género contra las cuerdas.

 

Con menos restricciones creativas que en sus predecesoras, James Mangold puede contar con más soltura el epílogo cinematográfico que Wolverine merece. Ocurre en un futuro no tan distante. En un mundo no ha visto nacer un mutante en más de 25 años. En este contexto Logan -como Clive Owen en esa otra película que sí es prodigiosa- se ve forzado a proteger la última esperanza de su especie.

La triada entre Hugh Jackman, Patrick Steward y la pequeña Dafne Keen es otro acierto. Cada uno ofreciendo una arista distinta al drama conjunto de nuestra mortalidad. Juntos forman una cuasi familia -psicótica, como bien escribió Coupland- impotente frente al genociodio, pero heroica al final. No conforme con ser explícitas, las secuencias de acción se alimentan de la riqueza de estas interacciones. Porque son la consecuencia, y no el ruido de fondo, de lo que le ocurre a nuestros personajes cuando se encuentran.

Dafne Keen es Mathilda Laura

Con este gesto, Logan se aleja de las otras fatigadas películas de superhéroes. Jackman es libre de explorar diferentes hendiduras del personaje que más ha marcado su carrera. Lo mismo Sir Patrick, que por fin llega a interpretar las escenas que su Professor X merece. Todo lo cual hace de la película, la panacea esperada por los fans, y un drama bastante disfrutable para el resto de los mortales.

Con Logan los X-Men regresan a la senda homérica. Esa que cuestiona la fibra del heroísmo, del sacrificio. Esa que yuxtapone una vida de esclavitud a la libertad de morir por lo que se cree. Pero también, el cuerpo cansado de estos dos personajes que queremos tanto sirve como metáfora de la decadencia de sus relatos en medio de una industria que ahoga la creatividad en favor de la fórmula fácil. Si lo pensamos, Wolverine estuvo allí en el despertar de esta franquicia cinematográfica. Es poético que llegue a su final cuando el género comienza también a exhibir síntomas de su ocaso.

(இ﹏இ`。)

Pero esperemos que también sea un primer paso hacia una nueva generación de películas. De un nuevo cine en que los autores tenga autonomía para tomar todas las decisiones creativas. Libres de las cadenas de esos analistas de excel disfrazados de expertos, que le sirven sólo a la dictadura de las ganancias.