Las Mejores Películas y Documentales del 2016


Las Mejores Películas y Documentales del 2016

¿Se acuerdan de todas las bellas promesas que Hollywood nos hizo el 2016? Bueno, a estas ya nos resignamos al engaño. Sin embargo, mirando películas hechas más allá de la frontera estadounidense, encontramos algunas joyas que llegan a  ocupar los primeros lugares en nuestra lista de lo mejor del año que recién pasó:

12. Swiss Army Man (dir. Dan Kwan, Daniel Scheinert)

Una de las películas más extrañas del año. Una historia desmesurada donde uno de los protagonistas es un constante deus ex machina que solo existe para avanzar la trama, que esconde en ella una crítica al estado actual de las construcciones narrativas y la forma en la cual decidimos para la vida.
Swiss Army Man -con los nuestros protagonistas indies favoritos, Daniel Radcliffe y Paul Dano– es casi un fanfiction bizarro y visceral de El Náufrago. Como si Tom Hanks no fuera un adulto funcional sino un millenial acomplejado e inútil que sufre su primera crisis existencial al no entender ni saber cómo actuar frente al romance y las relaciones, y nos ayuda a reflexionar sobre la estado de sugestión al que nos sometimos al cumplir nuestros roles sociales, ya sean autoimpuestos o impuestos por la doctrina dominante (Hola Capitalismo!)

 

 

11. Hell or Highwater (dir. David Mackenzie)

La película habla sobre las consecuencias de la crisis económicas. Habla sobre las malas prácticas bancarias. Habla de un estado oligarca que impide que los que tienen menos tengan la oportunidad de surgir. Tal como concluye su protagonista (un honesto Chris Pine), la pobreza en Hell or High Water es una enfermedad que se extiende por generaciones, que solo puede ser curada con un acto extremo.
La construcción atmosférica nos recuerdo a los Coen, a Tarantino, a Peckinpah, al mismo tiempo que nos recuerda que en realidad no tenemos escapatoria, sino que nuestros destinos y nuestras vidas están determinada por nuestra condición de nacimiento. La desoladora premisa de la película es que formamos parte de una máquina que no hace más que alimentarse de las vidas de todos nosotros, Rangers de Texas y campesinos por igual, y que por lo tanto lo salvaje del paisaje alinean a quienes intentan cuidar a sus familias y ladrones de bancos.
 

 

10. American Honey (dir. Andrea Arnold)

En tiempos en que al cine femenino se le ha cargado el peso ideológico de probar su valía (cuyo éxito usualmente se mide según su capacidad para vender figuritas de acción y merchandising). Andrea Arnold insiste en esa sensibilidad de la pobreza sin caer nunca en la victimización sensacionalista. Un tratamiento que exploró con éxito en Fish Tank y que aquí se convierte en el hilo conductor de un viaje en carretera por lo mejor y lo peor de Estados Unidos, Shia LaBeouf incluido.
Una película que hace un esfuerzo por comprender el medio hostil en el que crece una generación a la que se le ha permitido prometido todo. Que probablemente no llegue a nuestras salas pero ya está disponible en Netflix.

 

 

9. High-Rise (dir. Ben Wheatley)

Basada en la novela homónima de J. G. Ballard, High-Rise es una metáfora de la organización social. Nuestros protagonistas (Jeremy Irons, Luke Evans y Sienna Miller complementando el encantador liderazgo de Tom Hiddleston) viven en los suburbios londinenses, en un rascacielos que se levanta desafiando el paisaje que lo rodea.  Un conjunto de torres que componen un mundo autárquico, separado de la realidad, donde la estructura jerárquica es tan marcada que tu lugar se define literalmente por la altura en la cual se encuentra tu vivienda (un poco como en nuestro pequeño Santiago, y la diferencia entre vivir en Quinta Normal o en Lo Barnechea.
En este caso el edificio se convierte en un ente vivo. Y quizá la más grande cualidad de esta película es que, al contrario de las malas interpretaciones sobre el fin de la humanidad y el estadio post-humano, o humanitario si deseas llamarlo así, muestra a nuestras propias ideologías creaciones como entes inteligentes e independientes que se adueñan de todo lo que habita en su interior hasta consumirlo.

 

 

8. Krisha (dir. Trey Edward Shults)

Un caso de estudio en realización de cine por casi pura fuerza de voluntad, la pequeñísima Krisha fue financiada con menos de $15 mil dólares recaudados gracias una campaña de crowdfunding, y filmada en nueve días en una sola locación con un elenco limitado. Su director, el joven Shults, convierte todas sus trabas en riquísimas oportunidades para explorar la perturbada mente del personaje titular, una mujer sexagenaria que regresa al seno de su familia durante una cena de Acción de Gracias para probar que su prolongada ausencia (y comportamiento destructivo) han sido superados. A ratos graciosa, a ratos insoportablemente tensa y dolorosa de ver, Krisha es un testamento al poder de la simplicidad, y al mismo tiempo, de la experimentación; lo que podría ser una historia sumamente genérica es convertida es un relato atiborrado de los recursos audiovisuales que Shults emplea para sumergirnos en la cabeza de su protagonista, desde una estilizada cámara y una excéntrica banda sonora, hasta el frenético montaje que desnuda tanto el frágil estado de Krisha como las tensiones sublimadas con el resto de los miembros de su familia. Una joya que funciona tanto por sí misma como por las lecciones que desprende.

 

 

7. A bigger Splash (dir. Luca Guadagnino)

Aunque su filmografía es evidentemente más extensa, suele consensuarse que la obra maestra de Guadagnino es aquella joya llamada Io Sono l’Amore (2009), que también cuenta con la presencia de su musa, Tilda Swinton. Acá, Swinton encarna a una estrella de rock evocativa de David Bowie (¿quién más que ella podría haber interpretado este personaje, por lo demás?), que, en compañía de su joven pareja, descansa en Italia luego de una cirugía vocal. Sin embargo, su paz será quebrantada con la visita de su viejo amigo, ex amante y productor, interpretado por un Ralph Fiennes que nunca habíamos visto: sórdido, enérgico, incómodo, impredecible. La claustrofóbica mezcla de los personajes constituye un meticuloso proceso de tensión y ebullición que es fascinante y enervante de ver, a medida que Guadagnino y su elenco nos conducen por un estudio de la obscenidad de sus personajes. Bonus: Ralph Fiennes bailando al compás de Emotional Rescue, de los Rolling Stones, tiene que estar entre las mejores escenas del año.

 

 

6. Toni Erdmann (dir. Maren Ade)

La queja “todo es una copia de una copia de una…” pasó de ser una crítica aislada a la desoladora realidad del cine contemporáneo. Más aún con los grandes nombres de la industria proclamando la muerte del medio. Toni Erdmann es una comedia que no se parece a ninguna de las que hemos visto este año, ni en los años pasados, una que tiene su propio ritmo, su propia incomodidad exacerbada, porque qué es la comedia sino el único modo de lidiar con la tragedia que nos rodea, la un mundo indiferente y una generación de jóvenes que no saben establecer relaciones significativas ni siquiera con sus padres.
Toni Erdmann no se parece a ninguna otra película porque contrario a lo que estamos acostumbrados a ver, se parece a la vida. Y en este sentido, puede que sea la película más familiar con la que nos encontremos en mucho tiempo.

 

 

5. Sing Street (dir. John Carney)

Todo sobre esta historia nos resulta familiar. La premisa, el tono, sus plot points, las referencias musicales… y sin embargo, John Carney logra encariñarnos con la pura fuerza y pureza de sus personajes. Porque, ¿cómo no amar a estos niños que nos recuerdan todo el ímpetu e idealismo ingenuo de nuestra juventud, formando una banda para escapar de la opresión de su entorno, y de paso, conseguir que el protagonista conquiste a la chica? Es un clásico feel-good, de esos que sencillamente ya no vemos en estos tiempos tan cínicos y pesimistas – o derechamente estúpidos. Es una oda al poder liberador de la música y la persistencia de los sueños, la identidad, y los ochentas. Lo mejor de todo son, por supuesto, sus canciones originales, al ritmo de las cuales este párrafo fue escrito. Drive It Like You Stole It… (🎶)

 

 

4. Arrival (dir. Denis Villeneuve)

Basada en el relato “Historia de tu Vida” de Ted Chiang (incluido en el libro compilatorio Historias de tu Vida y Otros, cuya lectura recomendamos encarecidamente), la cinta de Villeneuve es un viaje que combina de forma habilidosa lo intelectual y lo emocional, en la forma de una historia que especula sobre el curso de acciones y el impacto que causaría el primer contacto con una raza extraterrestre. Rehuyendo de los cansados clichés de la invasión alienígena que Hollywood nos ha forzado por todas las aberturas posibles, Arrival es un inteligente estudio de personajes que desentrañan los misterios, la belleza y la necesidad de la comunicación a escala interpersonal y global, decantando en una conclusión cuya fuerza emocional continúa resonando hasta mucho después de haber terminado la historia. Por lo demás, el guión de Eric Heisserer y la sensible actuación de Amy Adams deberían ganar bastante tracción durante esta temporada de premios.
 

 

3. Elle (dir. Paul Verhoeven)

No es necesario repasar las credenciales del señor Verhoeven pero sí nos dan un idea de por qué Elle es una de las mejores películas del 2016. Brutal, compleja, polémica, una película que no tiene miedo de mostrarnos el qué-tal-si que se pasa por nuestras mentes tan a menudo. Isabelle Huppert entrega, como siempre, un incómodo reflejo de la perversidad inherente a cada uno.
Elle es fácilmente la película más valiente del año, en una época en la que absolutamente todas las sensibilidades se ven ofendidas (y de pronto esto es una suerte de pecado capital), la película se atreve a transgredir con elegancia el paradigma autoimpuesto de la pulcritud moral, un gesto muy ochetero que se siente anacrónico pero al mismo tiempo tan necesario.

 

 

2. The Handmaiden (dir. Chan-wook Park)

No me da miedo decir que este es el mejor trabajo de Chan-wook Park. Una película en la que todas esas búsquedas estéticas coinciden perfectamente con la historia que nos está contando, y el resultado es seductor. Si Elle se siente como un golpe directo en la cara, The Handmaiden es una caricia en ese punto más sensible. Erótica, romántica , chistosa, porque también hay buen gusto en el humor, y tanta humanidad.
Esta es la película que me hizo volver a creer en las películas. La película con la que entendí que en su agonía, el cine aún puede entregarnos todo esto. The Handmaiden es una película que te entra por todos los sentidos, la clase de amante a la que no le ofrecemos ninguna resistencia.

 

 

1.La La Land (dir. Damien Chazelle)

¿Cómo pasamos de Whiplash a esto? Fácil, no todo lo que se canta es una vibrante declaración de amor. La La Land puede seducir a los críticos con sus movimientos de cámara, con ese soundtrack que trae de vuelta un género a todas luces perdido en el olvido. Puede seducir al público con el manejo de la música para absorbernos mientras nos concentramos envidiable talento de Emma Stone y Ryan Gosling, quienes nos permiten volver a soñar que quizá, en otra vida, podríamos ser tan atractivos y afortunados.
Pero la nueva película de Chazelle también es capaz de abandonar la pulcritud de la cámara y los cuidados escenarios para regresar a esos planos érraticos, asfixiantes y estrechos que vimos en su trabajo anterior. Un contrapunto que sirve para ilustrar que a pesar de todo el gran despliegue de producción, el jazz, al igual que el cine, son expresiones en agonía. Una película que necesitamos ver en pantalla grande, y que llega a nuestra cartelera el próximo 19 de Enero.

 

 

Documentales

Puede que la ficción esté dando vueltas sobre sí mismas pero la vitalidad del documental continúa intacta. El 2016 tuvimos la oportunidad de ver algunos relatos de esos que no se olvidan, y aquí les dejamos una lista de los más recomendados.  

1. Under The Sun (dir. Vitaliy Manskiy)

Manskiy es capaz de develar, a través del material desechado de su película de propaganda, la naturaleza de la propaganda misma. Un documental que nos muestra un imaginario que creímos ya muerto, una película que se parece más a la ciencia ficción de décadas pasadas que a nuestras vidas. Pero que a pesar de las diferencias, nos recuerda que bajo el imperativo de la oferta y la demanda, nuestro mundo no es tan distinto a éste.
 

 

2. Lo and Behold, Reveries of the Connected World (dir. Werner Herzog)

A través de una serie de entrevistas que comienzan en los históricos pasillos de la UCLA, desde donde se enviara el primer mensaje entre computadoras, Herzog explora el potencial de las nuevas tecnologías cuando son utilizadas como dispositivos para el desarrollo del conocimiento. Pero como ha quedado de manifiesto en nuestra historia más reciente, la persecución del conocimiento conduce a incalculables beneficios pero también a las más desoladoras tragedias.
Lo and Behold… es una reflexión, en la voz del propio Herzog, de una de las revoluciones más importantes de los últimos años. Responsable de cambios violentos y constantes cuyas consecuencias estamos lejos de comprender. Disponible en Netflix.
 

 

3. Zero Days (dir. Alex Gibney)

 Las tensiones entre lo virtual y la vida cotidiana parecen preocuparnos en el momento de su encuentro. Cuando los trolleos tienen consecuencias nefastas en la vida material de los trolleados, por ejemplo. Pero hasta ahora hemos vivido en relativa calma interrumpida por el desarrollo de los trabajos del gobierno norteamericano en colaboración con el gobierno israelí narrados en Zero Days, un documental con la capacidad de quitarnos el sueño. La película más aterradora del 2016.

 

 

Aclaración: Dejamos fuera las películas de terror aunque muchas de ellas forman parte de las mejores del año porque las incluimos en esta lista a parte (también quedó fuera The Lobster, porque la visionamos en 2015). Y por supuesto, armamos esta lista sin tener acceso a otros títulos que sonaron fuerte el año pasado como Jackie, Nocturnal Animals, Moonlight y Silence.