Estreno: Talentos Ocultos (Hidden Figures), El Verdadero Enemigo Interno


Estreno: Talentos Ocultos (Hidden Figures), El Verdadero Enemigo Interno

Hidden Figures (o “Talentos Ocultos”) es probablemente la película más urgente en cartelera. Un relato convencional y bien articulado, diseñado para tocar cada fibra de nuestra sensibilidad social, mientras nos echa en cara las pocas diferencias entre el mundo civilizado de principio de los 60s y el nuestro. Y lo mejor es que ni siquiera tuvieron que inventar personajes heroicos con superpoderes obtenidos después de  accidentes con algún peligroso químico, les bastó sólo revisar los libros de historia. Frente a la decepción de las grandes películas de acción, son los héroes de la vida real los que nos recuerdan que para cambiar el mundo no es necesario enmascararse.

Las historias de Katherine Johnson (Taraji P. Henson), Dorothy Vaughn (Octavia Spencer) y Mary Jackson (Janelle Monáe) tenían la premura de saltar del papel a la gran pantalla como bien lo entendió la productora Donna Gigliotti después de encontrarse con la novela homónima de Margot Lee Shetterly. Porque hoy más que nunca necesitamos conocer a estas tres ex-empleadas de la NASA quienes, con talento de sobra para contribuir a sacar ventaja en la carrera espacial, tuvieron que combatir primero con un enemigo que en lo inmediato aparecía con mayor crueldad que los soviéticos; sus propios compatriotas.

La película retrata con humor vejaciones que nada tienen de graciosas, simplemente porque la risa incómoda es el único recurso humano para procesar las verdades indecibles. Trata de no sobredramatizar para enfocarse en cambio en el optimista mensaje de sus protagonistas, que en vez de sucumbir a la adversidad encuentran otros modos de abrirse paso en un país segregado, más allá de la fuerza necesaria del movimiento por los derechos civiles, comprobando que todos tenemos modos de contribuir a la lucha.

Y quizá por eso mismo Hidden Figures, una película que en términos formales nada tiene de nuevo, ha llamado tanto la atención en las premiaciones. Por ser testimonio de como la popular retórica de la carrera espacial, enmarcada en ese nacionalismo recalcitrante que hoy muestra su lado más nefasto, es una construcción para elevar el mito de los héroes blancos que conducen a Estados Unidos a la vanguardia mundial, una frágil imagen diseñada para justificar la criminalización dentro y fuera del país, de todo aquel con un tono de piel distinta.

La película expone la letra chica de una de las grandes promesas del sueño americano: “la meritocracia hace prosperar a los  (hombres blancos) que se esfuerzan”. Una película no apta para los fans de El Nacimiento de una Nación, ni para los miopes que creen que el nivel de maldad es proporcional a la oscuridad de la piel, o que la inteligencia es determinada por las gónadas.