[ESTRENO] La La Land y la fábrica de sueños


[ESTRENO] La La Land y la fábrica de sueños

Damien Chazelle -elevado por la crítica a la categoría de mesías de una industria en decadencia- regresa con su trabajo más reciente, la premiada La La Land. Una historia de amor y frustraciones cantadas con las voces de Ryan Gosling y Emma Stone, quienes mediante elaboradas coreografías acompañadas de movimientos de cámara igualmente grandilocuentes nos conducen por los grises pasillos del exitismo mientras intentan cumplir sus sueños sin comprometer su integridad. Una película que es también un ambicioso esfuerzo por revivir el musical como género, el cine como medio, mientras comenta sobre la muerte de otro de los grandes amores de Chazelle, el jazz.

¿Se acuerdan cuando se estrenó Frozen y todos enloquecimos? Bueno, Chazelle se las arregla para explotar el potencial viral de los musicales con un homenaje a ese tiempo pretérito en que Hollywood era una “fábrica de sueños” sin comprometer la crítica sobre el costo humano que significa mantener los engranajes de dicha máquina. Una crítica que aunque con menos arrojo que Mulholland Drive, se da el tiempo de explorar la desolación de su primer trabajo aunque con un ánimo menos pesimista.

La La Land es un homenaje a ese sentido del espectáculo que sobre-escribió la vocación documental del cine, la que fuera su primera voz. El encanto de la película está en volver a ponernos en el sillón del espectador-soñador, ese que se ve a sí mismo en los rostros de sus protagonistas, o a una versión mejorada de sí mismo, uno que actúa sobre sus sueños en vez de quejarse, que persiste a pesar de la crítica y los fracasos, que sacrifica lo que hay que sacrificar y que, finalmente, recibe la recompensa. La fama. El aplauso del público. El reconocimiento. La La Land nos devuelve la esperanza que no sabíamos que habíamos perdido.

Amplificando el efecto de su primer trabajo, logrado aquí también a través de la poderosa amalgama entre imagen y música, Chazelle articula frases cinematográficas con una elocuencia que olvidamos que existía. Lo que nos obliga a preguntarnos por qué nos conformamos tanto últimamente, con películas que apenas nos alcanzan. Pero sobre todo, La La Land es una película para los que sueñan, aunque algunos de nosotros insistamos en aferrarnos al cinismo en vez.