Miss Peregrine, una fábula post-moderna


Miss Peregrine, una fábula post-moderna

Miss Peregrine, lo nuevo de Tim Burton,  es un cuento sobre la segregación, sobre la promesa del capitalismo de que todos tenemos nuestro lugar (que es otra forma de decir que todos tenemos nuestra función), que tenemos un espacio predeterminado donde encajamos y podemos contribuir a un bien mayor. Léase: mantener -la industria funcionando- el status quo.

Para ser honesto, que es lo mínimo que podemos ofrecer en este espacio, no he leído la novela, y tampoco me interesa. Tengo demasiados libros pendientes que sí me interesan -y que se han acumulado con los años- por lo cual mi comentario se basa únicamente en la interpretación audiovisual dirigida por Burton que narra el viaje de Jake a Wales, junto al que debe ser el peor papá en la historia de la industria cultural, para visitar el antiguo hogar de niños en el que vivió su abuelo luego de la muerte de este último.

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No importan tus deformidades, hay un trabajo que la industria ya ha pensado para ti.

Miss Peregrine, una fábula post-moderna

No importa que seamos diferentes, no importa que no encajemos en ningún lugar, la industria -en su sabiduría infinita- encontrará un lugar para nosotros. No importa si somos horrendos,si vemos cosas que nadie más ve, si podemos volar o detener el tiempo, existe una función para todos: asegurarnos que todo siga siendo como debe ser, que el loop no se rompa, que lo que ya sucedió se repita una y otra vez con alguno que otro matiz. Que la ardilla que se cayó del árbol vuelva a su lugar, que quien ha muerto se mantenga muerto, que nada malo haya pasado en Europa en 1943.

Si la función de los cuentos infantiles en primer lugar es asustar y en base al miedo entregar los valores morales que rigen la cultura,  repetir generación tras generación un código que debe ser respetado. Siguiendo esta idea, entonces la función de Miss Peregrine y sus niños peculiares es asegurar a las nuevas generaciones una historia moral que sea fácil de aprender, que se pueae dejar en la tele mientras los niños juegan o miran sus tablets o celulares y absorban casi por ósmosis (o mejor dicho, por repetición) que todos tenemos nuestro lugar en el mundo, que todos podemos encontrar a nuestros amigos peculiares, que por distintos que seamos, encontraremos una pareja y perpetuaremos la esclavizante vida post-capitalista.