Persona [MUJERES EN EL CINE]


Persona [MUJERES EN EL CINE]

En PERSONA, Bergman aprovecha el enfrentamiento entre dos mujeres -que resultan ser dos de sus musas- para elaborar una suerte de ensayo sobre las similitudes entre las relaciones humanas y la relación del espectador con la película, insistiendo en la de idea de que tal como diseñamos máscaras que operan como representaciones del yo que deseamos proyectar en los otros, el cine es también una representación intencional de ciertos fragmentos de la vida, y no la vida en sí misma. Una película sobre el significado que tanto la imagen que construimos de nosotros para el resto, como el cine, poseen uniones y los confines que construimos para compensar la falta de autenticidad con la que usualmente nos relacionamos con los otros, y con nosotros.

Habría que preguntarse entonces, si existe la posibilidad de una relación “auténticamente transparente”, con uno mismo y con el otro, si podemos establecer un contacto más allá de lo que proyectamos. Es una de las ideas que surgen a partir del silencio de Elisabet (Liv Ulmann), su gesto de permanecer silente le ofrece a Alma (Bibi Andersson) la oportunidad de llenar ese vacío con todas aquellas vicisitudes no confesas que la convierten en la mujer que es. Sus dudas respecto a la vida cuidadosamente articulada que está por comenzar, el dolor de la maternidad, el goce del deseo no sujeto a raciocinio, etc. Pero ¿puede el lenguaje articulado transmitir  lo que Alma experimentó en los eventos que narra? Y de ser así, ¿puede Elisabet interpretar, tal y como Alma demanda que lo haga, dichas experiencias? ¿no estamos siempre frente a una doble muralla? ¿no deben las palabras coincidir no sólo con lo que hay en el interior de Alma sino también lo que hay en el interior de Elisabet para que el mensaje penetre a la otra? ¿cuánto de lo que interpretamos está más allá de nuestras propias proyecciones?

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Esta problemática es abordada por Bergman en el acto final, cuando Alma lee una de las cartas de Elisabet y descubre que todos los secretos que había guardado celosamente son, a los ojos de su amiga, material de estudio, un tip o dos sobre la naturaleza femenina que le permitirán en un futuro otorgar tridimensionalidad a algún personaje a interpretar. Una enfermera y una actriz, una mujer dedicada al cuidado de otros y la otra a su estudio, compartiendo un techo, un lecho y unas heridas, con todas las herramientas necesarias para conectarse y que no obstante, terminan aún más alejadas que en un principio, retornando cada una a esa isla de la que escaparon momentáneamente, mientras compartieron techo en una casa, a la orilla de una playa, durante un verano entre tantos.

Una película que es también una piedra angular en la historia del cine -formulada para ser vista en pantalla grande-, de la que ya se ha escrito tanto. Un tratado sobre la oscuridad en la que se desenvuelven nuestras relaciones, y el lenguaje como el medio y el obstáculo. Una película ideal para cerrar este especial porque es una bisagra, y abre la reflexión a este y muchos otros campos.