House of Cards Temporada 4: La Sociedad del Espectáculo (Virtual)

Si hablamos de calidad, House of Cards es la primera en el currículum de producciones originales de Netflix. Con presencia anual en prestigiosas premiaciones, la serie ha logrado hacer competir a las producciones de servicios de screening en categorías antes reservadas exclusivamente para las series emitidas por televisión, legitimando esta nueva forma de consumir contenido serializado.

Francis muestra su lado vulnerable.
Francis muestra su lado vulnerable.

Su cuarta temporada, estrenada a principios de mes por Netflix, continúa sin innovar demasiado en materia narrativa, cayendo incluso en el frecuente recurso de secuencias de alucinaciones y fantasmas que regresan para atormentarnos. Un gesto innecesario que parece únicamente una forma de alargar una temporada que posee dos puntos fuertes: la tensión en el matrimonio de los Underwood, y el cómo lidiar con la campaña presidencial y los deberes propios de la presidencia hacia el final de temporada.

Un problema habitual en series de este tipo, en las que la ambigüedad moral del protagonista es el eje de la tensión dramática. Pensemos en la fatiga de series como Dr. House y Sherlock, porque luego de arribar a la cúspide del pragmatismo, no se puede hacer mucho más con dichos personajes (un futuro que también pudo sufrir Walter White, por ejemplo, si Breaking Bad se hubiese extendido por más tiempo, imposible imaginar mayor crueldad que la que vimos en Ozymandias). Y en el caso de House of Cards, la mejor decisión fue centrar la temporada en el personaje que por sus matices es más rico en términos dramáticos: Claire.

Not your bae, Petrov.
Not your bae, Petrov.

Esta es una temporada en la que Frank se ocupa más de reaccionar a lo que está ocurriendo a su alrededor que a transformarlo. Y en la que Claire debe encontrar su propia voz ahogada en un matrimonio que se sustentaba en su acción sigilosa. Pero más importante aún, la serie logra una vez más hacer un comentario crítico sobre las transformaciones del mundo político, comentando sobre tres grandes asuntos:

Por una parte, el circo político y la sociedad del espectáculo (virtual). Conway (Joel Kinnaman), el carismático rival político de Francis, ha construido toda su carrera en la aparente apertura y transparencia que nos ofrecen las redes sociales. El look casero y la lógica instantánea de lo digital, ampliando el alcance de la propuesta de Debray acerca de la televisión en vivo, genera una sensación de verdad invisibilizando los medios de captura de dichos momentos reales. La serie hace evidente la escenificación de las publicaciones virtuales al mostrarnos el detrás de cámara en la vida del gobernador, la omitida escena de sexo que precede al adorado video viral de él y su pequeño hijo jugueteando en la mañana, y la meticulosa organización -casi hitchcockiana- de la secuencia en que confiesa su vinculación con el motor de búsqueda más famoso del mundo.

Y lo que es más preocupante aún, incluso después de confesar que sí ha tenido acceso a información sobre tendencias de búsquedas online, continúa teniendo la mayoría entre los votantes porque aparentemente, la vigilancia ya no nos parece tan atroz, al contrario, lo que nos parece atroz es que nadie esté mirando lo que publicamos en Instagram.

Selfie time.
Selfie time.

Por otro lado, el control de armas como estrategia política. Puede parecer oportunista, porque lo es para los Underwood, pero el problema del control de armas en EEUU ha sonado fuerte en las ficciones del último año. Pero al mostrar que la voluntad para legislar al respecto es directamente proporcional a los intereses electorales, se devela también la frecuencia con que nuestras preocupaciones son manipuladas para conseguir que marquemos el voto al final.

Tratándose de una serie con el nivel de popularidad de House of Cards, es gratificante que busque ampliar el alcance del debate. Trasladando las interrogantes desde el si es bueno o malo que exista libertad para que los civiles se armen, hasta el si es posible un cambio real en la ley considerando los intereses políticos y profesionales de aquellos que están en posición de legislar. Durante esta temporada la preocupación por el uso de armas de fuego es tratado como un anexo en la agenda política de quienes buscan ser electos, un slogan con la densidad óntica de un hashtag.

La alianza.
La alianza.

Y por último, la ideología del terror. Básicamente, se busca la unidad y el apoyo absoluto apelando a nuestro impulso más primordial: sobrevivir, y por lo mismo, se cuenta otra versión de la historia, una en la que hay que luchar contra un enemigo tan amenazador que la dignidad y la libertad son lujos que no podemos darnos, porque para mantenernos a salvo del cáncer marxterrorista, hay que permitirle a las policías mantener a todos vigilados y a salvo.

Cansados de intentar ganarse los corazones del pueblo americano -parafraseando a Claire-, los Underwood deciden optar por una alternativa menos democrática pero bastante más efectiva, recordarles que aún con su familia perfecta y toda la juventud del mundo, los Conway no poseen el carácter necesario para tomar las decisiones difíciles en tiempos desesperados. Podrán ser la pareja que los estadounidenses quieren, pero no la que necesitan para vencer la amenaza del fanatismo religioso.

Terrorismo
Terrorismo

Por supuesto que el tema de la manipulación de los hechos para justificar bombardeos y reducir las libertades individuales ha sido ampliamente discutido, incluso en las ficciones, desde el 9/11. Sin embargo, lo interesante es que los Underwood, para conseguir lo que quieren recurren a un gesto más radical que cualquier teoría conspiratoria: aniquilar “el circo” de La Política, restaurando el peso ontológico de Lo Político, es decir, controlar el quién dice qué con qué medios, y no hay meme que pueda contra aquello.

En relación a nuestros protagonistas, esta fue una temporada que si bien comenzó anunciando un inminente quiebre en la relación entre Claire y Francis, fue construyendo un puente entre ambos. Aún así, logramos ver el lado más emocional de Frank, una vulnerabilidad a la que no estamos acostumbrados, y el lado más pragmático de Claire, que supo sobreponerse a sus múltiples pérdidas afirmándose a sí misma. Concluyendo en una alianza que parece definitiva pero que sigue ocultando ciertas grietas.