Estreno: Volando alto – Eddie The Eagle

Inspirada en una historia real, Volando Alto o Eddie The Eagle, retrata la vida de Eddie El Aguila Edwards, quien contra todas las expectativas, representó a Inglaterra en los Juegos Olímpicos de 1988. Volando Alto es una comedia, pero que antes que una comedia, es una feel good movie, una película que inspira, que te hace cuestionar tus decisiones en las vida, y te hace sentir bien, quizás no por tus decisiones, sino por lo que ves en pantalla: el underdog que logra superarlo todo, una historia inspiradora sobre la perseverancia y el seguir tus sueños.

 

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Puede que desde Rocky que el cine masivo norteamericano no nos entregaba una historia deportiva que sea tan entretenida, conmovedora, e inspiradora como ésta. Eddie es el mayor estereotipo del underdog, el fracasado que da todo lo que tiene por llegar más allá, por conseguir sus sueños, y en el camino consigue el respeto que le ha sido negado tantas veces y de tantas maneras diferente.  Eddie es un tipo del barrio, su papá es un yesero, su madre es dueña de casa, su padre no lo apoya, su madre daría todo por ver a su hijo lograr sus sueños, ¿cuántos nos podemos relacionar con esto? Muchos, millones.

Pero, la película no es sólo una buena historia, cuenta con una excelente dirección, los efectos especiales son casi imperceptibles -y ese es el mejor cumplido que se le puede decir de una unidad de FX. Las actuaciones son impecables, el ritmo de montaje nos permite emocionarnos e involucrados emocionalmente con Eddie al mismo tiempo que nos adentra en el difícil y poco conocido salto en esquí, y nos permite conocer más de sus personajes. Las actuaciones tanto de Taron Egerton en el protagónico -quien demuestra que puede actuar- y Hugh Jackman como Bronson Peary, el no-entrenador, y luego entrenador de Eddie, son espectaculares.

Eddie & Bronson
Eddie & Bronson

 

Una película inspiradora, que nos recuerda que nunca nos debemos dar por vencidos, a pesar de todos los problemas que se nos pongan por delante, siempre debemos recordar que somos finitos, tenemos una sola vida, y no la deberíamos desperdiciar cumpliendo los sueños o las expectativas de alguien más