Spotlight, el terror del abuso

Spotlight es una película que retrata una excelente historia sobre el abuso en sus formas más reprochables; sexual, de menores y de poder, el problema es que visual y narrativamente es tan genérica que aburre. Su argumento se basa en hechos reales ocurridos en  2012, cuando “spotlight”, un grupo de periodistas al estilo contacto o informe especial -o más bien CIPER ya que es escrito- destapó uno de los casos de pedofilia más grandes y emblemáticos de los últimos años que cuenta con más de 90 involucrados y más de 1000 niños abusados. Naturalmente, este destape trajo varios problemas para la Iglesia pero sin embargo, este equipo de 4 personas que nunca dejó de cuestionarlo todo nos recuerda la labor fundamental del periodismo, y de lo medios de comunicación: la búsqueda de la verdad en virtud de una sociedad informada y con capacidad crítica.

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En términos formales, la película recurre a una fotografía cruda, y a una edición aun más cruda para recordarnos que lo que vemos representado en pantalla ocurrió realmente, que estos niños -igual que muchos otros al rededor del mundo- fueron abusados y que ahora, convertidos en adultos, cargan con las secuelas de un trauma que los orilló a otro tipo de abuso obligándolos a intentar olvidar a través de la drogadicción o el alcoholismo y por supuesto, intentos de suicidios. Todas consecuencias de lo devastador que implica para un niño el ser abusado por figuras respetables de quienes se espera protección y afecto.
Foto cruda
Un estreno que narra una historia que necesitaba ser contada considerando que se trata de un problema aún contingente, no resuelto para víctimas que no poseen siquiera el consuelo de la justicia. Una película sirve como recordatorio de todo lo malo que hay en el mundo y que un hashtag no va a cambiar, que habla de las devastadoras consecuencias material de dicha maldad y la necesidad de trabajo igualmente activo para ponerle un alto.
#CambiemosElMundo.