Estreno: Ya Te Extraño

Contrario a lo que ocurre con el noventa porciento del cine de acción actual, que explota con descaro el suspenso y los plot twists, no hay ninguna sorpresa con Ya Te Extraño, una película que abraza sin miedo el drama de principio a fin recordándonos que aún con conocimiento sobre nuestros futuros, nunca estamos realmente preparados para las separaciones. A cargo de Catherine Hardwicke, quien por fin da un paso al costado de los conflictos adolescentes y se arriesga con personajes más adultos (aunque no por eso más maduros), narra las dificultades a las que debe sobreponerse la inquebrantable amistad entre Jess (Drew Barrymore) y Milly (Toni Collette).

Jess (Drew Barrymore) y Milly (Toni Collette) son siempre el centro del relato.
Jess (Drew Barrymore) y Milly (Toni Collette) son siempre el centro del relato.

La historia comienza con Jess en labor de parto, exigiendo a gritos la presencia de Milly, para continuar con un colorido retrato de lo que ha sido su relación desde que la primera emigró a Inglaterra y se conocieron en clases. Compartiendo una dependencia que algunos podrían considerar patológica, derivada de las muchas experiencias compartidas, entre ellas varias ligadas al “convertirse en mujer”, ambas se complementan y son un pilar constitutivo en la vida de la otra. Conforme van despidiéndose de su primera juventud y aprendiendo a aceptar la adultez, ambas son igualmente golpeadas por sus cuerpos, Jess no logra concebir naturalmente al hijo que tanto añora, y Milly comienza un largo y extenuante viaje contra el cáncer.

Una premisa que se traduce inmediatamente en llanto anticipado, pero antes que simplemente recurrir a la lágrima fácil, Hardwicke y el guión de Morwenna Banks le dan espacio a sus protagonistas para enfrentar con dignidad y gracia el tormento que se avecina, son dejarlas perder ni el sentido del honor ni los deseos de hacer de todo momento un recuerdo más en su ya superpoblado álbum de fotos de BFFs. Tocando de paso varios temas que parecen tabú, como la real crudeza de la mastectomía y el tener que explicarle a niños pequeños en qué consiste la quimioterapia, atreviéndose a explicitar una visión menos romántica del cuerpo femenino, por fuera del fetiche del capital.

Milly lidiando con su enfermedad y su familia.
Milly lidiando con su enfermedad y su familia.

Una película que no trata de ser nada más ni nada menos de lo que es; la feroz historia de dos amigas que han compartido todo desde la infancia y que en determinado momento deben sobreponerse al fracaso de sus cuerpos respecto de sus valores “femeninos” y contemplar la posibilidad de la separación permanente. Que no teme darle espacio a la tragedia cuando es ineludible, pero que le otorga también espacio al humor, un mecanismo que utilizamos a diario y sobre todo cuando debemos lidiar con horrores que nos sobrepasan. Una película cargada a los clichés -que no por eso dejan de ser ciertos- de las amistades femeninas: collages, cartas escritas en esquelas, cuasi novios compartidos e intercambio de ropa, pero que también sabe mostrar el reverso de las presiones que se ejercen bajo el imperativo de ser mujer; la vanidad, la configuración de la identidad y el autoestima a partir del sentirse deseada.

Una celebración a la amistad.
Una celebración a la amistad.

Al final, una película que a pesar de su alta carga de estrógeno logra dibujar temas más universales y por supuesto, emocionar. Un estreno ideal para aquellos que no temen mostrar sus emociones en público, que celebra la amistad y la vida al contrastarlas con la lucha que diariamente libramos contra nuestra propia mortalidad.