Estreno Los 8 Más Odiados: La Ambiciosa 8° Película de Tarantino

70 mm, 187 minutos y las composiciones originales de Ennio Morricone hacen aparecer a The Hateful Eight (o Los 8 Más Odiados) como una de las películas más grandilocuentes de Tarantino, aunque la precaria condición de nuestra subdesarrollada industria del entretenimiento no nos permita disfrutar con total esplendor de su formato. Pero es en cambio una de sus películas más contenidas, ajenas a la impaciencia fanática de las ya clásicas Pulp Fiction o Kill Bill, una en la que convierte la violencia y los desmembramientos (que los hay, en cantidades más que generosas) en la culminación de hostilidades subyacentes provocadas por lo que el paisaje y el “peso de la historia” han inscrito en las subjetividades de sus protagonistas.

Los personajes y su entorno
Los personajes y su entorno

Lo primero que vemos es una panorámica que describe la amplitud de un clima en el que cualquier manifestación de vida parece milagrosa, interceptado por un primer plano del rostro del Jesús crucificado que nos recuerda la crudeza de un Dios que reclama -casi burlándose- soberanía en una tierra imposible de habitar, todo acompañado de la música de Morricone que anuncia con elegancia el tono de lo que vendrá. A lo que le sigue la introducción uno por uno de los desdichados que intentan llegar a Red Rock pero son forzados a refugiarse en la estancia de paso mientras se calma la tormenta real, porque la simbólica comienza mucho antes que John Ruth (Kurt Russell) y su prisionera Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh) derriben a patadas la maltrecha puerta de la acogedora tiendita de Minnie.

Un relato que comienza con aires de western para mutar en un estudiado drama de misterio en el que la pregunta fundamental no es tanto quién cometió el crimen cómo quién disparará primero, en una sala llena de -parafraseando Jules Winnfield- bad motherfuckers. Intentando emular el genio de Carpenter, Tarantino construye aislamiento y claustrofobia que por sí solos sostienen la tensión entre depredadores y sobrevivientes quienes, gracias al pertinente arbitraje de Oswaldo Mobray (Tim Roth), dividen la cabaña del mismo modo en que estuvo dividido el país pocos años atrás. Todo sazonado con la agudeza de esos diálogos por los que se le reconoce, reproducidos con perfecta naturalidad por un casting cuyos personajes fueron diseñados a medida. Y con casi tres horas de duración, se da también el lujo de cocinar a fuego lento una historia que se lo permite, que se sostiene en los enfrentamientos épicos entre las ideologías profundamente contradictorias de personajes que sucumben finalmente a lo único que tienen en común; sus deseos de permanecer con vida. Un tratamiento que nos permite disfrutar mucho más del trabajo de cada uno de los involucrados y que no obstante termina entregándonos aquello que todo aquel familiarizado con Tarantino espera ver.

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Una producción inmensa que confirma las confesadas pretensiones de Tarantino, que arma un escenario en el que conviven heridas nacionales (pasadas y presentes) y críticas necesarias, pero que más allá de sus inclinaciones políticas es una película significativamente alejada de la propaganda o el potencial emancipador del arte (como diría Ránciere). Aún así, su real aporte pasa quizás por la osadía de contar la historia de un grupo de los personajes más abyectos del cine de Tarantino, representantes de las ideologías menos políticamente correctas de la última década (característica que no se puede extender inmediatamente a la película en sí ya que es más amplia y compleja que las “ideas” en las que participan sus actantes) en tiempos en que abunda la censura y los boicots tanto para los defensores de las viejas disparidades como para aquellos que reclaman la necesidad de su superación.

 

(L-R) TIM ROTH, KURT RUSSELL, and JENNIFER JASON LEIGH star in THE HATEFUL EIGHT. Photo: Andrew Cooper, SMPSP © 2015 The Weinstein Company. All Rights Reserved.
TIM ROTH, KURT RUSSELL, and JENNIFER JASON LEIGH

Una película en que las mujeres son golpeadas y los hombres abusados sexualmente, y son todos igualmente víctimas de los microfascismos que los moldearon. En que lo grotesco y lo violento, por fin, dejan de ser producir la fascinación entretenida para convertirse en correlato tragicómico de las heridas abiertas del país. Un relato en el que estamos constantemente -como sus protagonistas- tratando de empatizar y generar alianzas imaginarias con personajes indefendibles, cuya vileza es más necesaria que opcional, contrario a lo que pasa, por ejemplo, con la gran mayoría de nuestra desvergonzada clase empresarial que insiste en tratarnos con la misma brutalidad que el Mayor Marquis Warren (Samuel L. Jackson) al desdichado hijo de su otrora enemigo. Una violencia tan o más censurable que el estetizado espectáculo que nos presenta Tarantino. y de la que nos sobreponemos con la misma convicción vital que los 8 más odiados.

Tim Roth está notable
Tim Roth está notable

Un estreno que inaugura un auspicioso 2016, The Hateful Eight es una película que disfruta su condición como tal y funciona en el espacio cerrado de su performatividad, en la intimidad que comparten sus protagonistas y de la que Tarantino nos invita a participar, con el humor que hace falta.

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