Estreno: Legend, Tom Hardy Celebra El Mejor Año de su Carrera [Hasta Ahora]

En los últimos años hemos visto a Tom Hardy transitar con éxito desde el fondo que pueblan los personajes secundarios en las grandes superproducciones, hacia los protagónicos de las mismas. Compañero de generación de Fassbender, ha marcado su propio camino e impuesto su propia marca a través de personajes físicamente desafiantes que mantienen los diálogos al mínimo (aunque con Locke probó que es una elección, no una incapacidad), en cuya cúspide se encuentra la onomatopéyica verborrea de Mad Max. Y en medio de las extremas condiciones climáticas por las que pasó durante el rodaje de Fury Road y The Revenant está Legend, una producción bastante más humilde que las anteriores y que descansa en la fama casi mítica de los hermanos Kray en un nostálgico retrato sobre la era de oro del crimen organizado.

Tom Hardy como Reggie y Ronnie Kray
Tom Hardy como Reggie y Ronnie Kray

Escrita y dirigida por Brian Helgeland, en cuyo currículum destaca su participación como guionista en Mystic River y L.A. Confidential, la película explora el breve tiempo entre el auge y la caída de los hermanos Kray -ambos interpretados por Hardy- a través de la narración de Frances Shea (Emily Browning) esposa de Reggie. A través de sus ojos aparece lo mejor y lo peor de los hermanos, lo atractivo y trágico de su estilo de vida y las tensiones que presuntamente están en el fondo de los conflictos entre ambos pero sobre todo, el guión de Helgeland enfatiza sus diferencias alejándonos el uno del otro, un recurso un tanto artificioso que sirven para diferenciar completamente las dos interpretaciones de Hardy pero que favorece a Reggie por sobre Ronnie, quien queda relegado casi a la caricatura pasando por alto además las sutilezas de su relación.

En cambio, lo que hace la película es intentar dibujar los pormenores de los Kray como marca; sus costumbres en las peleas, sus coqueteos con la fama y sus violentas pero efectivas formas de lidiar con el encarcelamiento y la autoridad. A través de una estética que recuerda los clásicos del género, con pronunciada nostalgia por Scorsese, y las necesarias secuencias capitulares para describir, de forma amplia y casi anecdótica, sus brutales comportamientos, la película deja de lado varios de los hitos que ayudaron a dar forma a sus populares personalidades junto a la ausencia de varios de sus más cercanos. Revistiendo la fascinación por la vida y obra de los hermanos con la pretendida relación dicotómica entre ambos, Reggie dividido entre el goce que le provoca su negocio y las exigencias domésticas de Frances a la par de la dependencia enfermiza de su hermano, mientras Ronnie levemente autoconsciente de su inestabilidad mental se muestra errático entre reacciones exageradas y explosivas y la cuidadosa tensión que imprime sobre el matrimonio de Reggie y su modelo de negocios.

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Metáfora.

El resultado es una película rápida cuyo principal atractivo es ver a Tom Hardy golpearse -literalmente- a sí mismo en una escena que con todo no alcanza el nivel de atractivo que digamos, Bruce Campbell como Ash en Evil Dead II (probablemente porque Helgeland no logra conciliar el humor con el drama). Lo que sumado al hecho que ninguno de los personajes secundarios, ni siquiera Frances, poseen espacio para desarrollar la complejidad que requieren y servir realmente como complemento antes que piezas en el juego de los Kray, debilitan su historia. Un estreno que llega a nuestras salas bajo el elocuente título de Legenda: La Profesión de la Violencia, para que a nadie le queden dudas de su premisa.