¿Es Star Wars The Force Awakens la Secuela Que Esperábamos?

En un año marcado por las decepciones (Terminator Genisys, Fant4stic, no perdonamos ni olvidamos) y los debates sobre la crisis creativa y la fatiga de las grandes franquicias, Star Wars The Force Awakens es una suerte de plot twist que prueba lo que en cierto modo anunció Mad Max Fury Road; que es posible revivir exitosamente historias pasadas para toda una nueva generación de consumidores fanáticos. Mientras su debut en cartelera alcanza cifras históricas que continúan incrementando las arcas del imperio Disney, la pregunta que nos queda por hacer es qué tan pertinente es el episodio VII a cargo de J. J. Abrams dentro del imaginario Star Wars, y qué tanto bien le hace la nostalgia.

Escenarios que nos hacen recobrar la fe.
Escenarios que nos hacen recobrar la fe.

Su tremenda cercanía con los hitos que marcaron A New Hope y forjaron la identidad de la franquicia pueden ser un síntoma de la ya tan citada “falta de originalidad” que pone en duda la necesidad de su existencia, y de las secuelas que se anunciaron, haciéndonos temer por cuál es el impacto del escenario comerciales en una producción que la mayoría de nosotros siente tan cercana. Una preocupación más que válida considerando que la agresiva campaña publicitaria incluye desde productos cosméticos hasta embutidos, pero fútil dada la pequeñez de nuestras buenas intenciones frente a la gran máquina de producción industrial del entretenimiento. Entonces, abandonados a la idea de que toda una nueva generación de películas de Star Wars ha llegado para quedarse nos preguntamos: ¿Es The Force Awakens una secuela digna del legado con el que carga?.

Tal como la dicotomía que enfrentan sus protagonistas, antes que el bien y el mal la película se debate entre su valor como producción cinematográfica en sí misma y el fanservice. Una lucha particularmente intensa en este episodio y que creo podemos examinar en al menos tres grandes aspectos:

El hombre detrás de la máscara.
El hombre detrás de la máscara.

Primero, su reparación de la identidad de Star Wars. Los retoques y las precuelas a cargo del propio George Lucas hicieron notar en su momento la necesidad de resguardar la integridad de ciertas obras de las mutilaciones perpetradas por sus propios autores. Y qué mejor ejemplo que una serie de películas que a pesar de contar una historia que tanto queríamos ver, a pesar de mostrarnos personajes y lugares conocidos, transforma de tal modo los cimientos de la original que se vuelve prácticamente irreconocible, en el caso de Star Wars pasa lo que ya anunciaban algunos teóricos: no todo lo que es técnicamente posible es culturalmente viable, del mismo modo, la expansión de las nuevas tecnologías no amplía necesariamente la riqueza narrativa como queda de manifiesto con lo que el desastroso (ab)uso de CGI le hizo a los primeros episodios.

Aprendiendo de los errores del pasado, la producción encabezada por Abrams reduce los efectos digitales en la medida de lo posible concentrándose en la explotación de locaciones y construcción de modelos, además de emular los aspectos visuales de las películas originales para hacernos sentir desde el comienzo que estamos en el futuro pero dentro de la misma galaxia. Decisiones que se complementan con la aparición de los protagonistas originales que recrean no sólo sus historias sino también las dinámicas de sus relaciones, en este caso particularmente la de Han Solo y Chewbacca, y un breve vistazo a la tensa situación entre él y Leia, apariciones que despiertan la nostalgia pero que también dan paso al “cambio de mando”, dejando brillar también a sus nuevos personajes. Todo acompañado de la ya familiares melodías de John Williams.

La pluma de Lawrence Kasdan, y un sólido equipo de asesores ayudan a la construcción de un guión trae de vuelta no sólo personajes e historias pasadas sino también algo que por alguna razón está prácticamente ausente en las precuelas: el humor. Porque en medio de la gravedad que significa el tener que salvar a la galaxia del lado oscuro y de la tiranía imperial forjada a base de genocidios, nuestros héroes no siempre eran valerosos hidalgos con profundas convicciones morales y ética sacrificial sino campesinos, comerciantes e incluso máquinas traductoras forzados al heroísmo casi por accidente, un poco por principios, un poco por no quedar mal frente a la valentía y el noble linaje de la princesa. Esa caricatura de las emociones humanas regresa con C-3PO, Chewbacca y R2-D2, pero también se renueva con BB-8, así como el oportunismo heroico y el encanto temerario viven su transición desde Han Solo hacia Finn y Dameron.

Nada de lo cual hubiese sido posible si Abrams y compañía no contaran con relativa libertad creativa en contraposición a los imperativos de los grandes blockbusters que, como bien comentaban en Jurassic World, implica mayor espectacularidad y “más dientes”. Ahora, si tomamos la distancia crítica necesaria de nuestro fan interior e intentamos por un segundo pensar en el valor cinematográfico del episodio VII dentro de universo de superproducciones y el cine de ciencia ficción es posible que nos encontremos con la poco grata realidad de que, en más de una ocasión, la carga hacia el fanservice es un tanto desproporcionada y un recurso menos arriesgado que el de hacer hincapié en un estilo narrativo diferente o profundizar más en las nuevas historias que presenta, aunque considerando el ya citado trauma que produjo en muchos La Amenaza Fantasma, y que se trata de la primera película de esta nueva etapa, la balanza se inclina a su favor.

El Mejor Piloto de la Galaxia.
El Mejor Piloto de la Galaxia.

Segundo, sus nuevos personajes que son a la vez atractivos y empáticos [spoilers]. El mundo libre se remece por la escalada de La Primera Orden y la Resistencia ya no se puede permitir prescindir de las habilidades de Luke, por lo que la gran cruzada de The Force Awakens es la lucha contra el ascenso del lado oscuro más que su búsqueda. Encabezando la misión está Poe Dameron (Oscar Isaac) quien ostenta con orgullo -pero sin soberbia- el título de el mejor piloto de la galaxia, y tal como Luke, encuentra apoyo en su pequeño y “artificial” copiloto, BB-8 quien, como adelantábamos, posee personalidad propia y una lealtad que lo convierte (como en su momento pasó con R2, justificando su existencia más allá del merchandising) en una pieza clave en la búsqueda. Temerario, Dameron representa dos de las cosas que más disfrutamos del universo de Star Wars: las carreras y la lucha rebelde. Y su lucha no es una carga dramática o una afrenta a los dioses como a menudo pasa en el imaginario de los superhéroes, sino el placer de sentirse útil y la alegría de la lucha. Entusiasmo que comparte con los jóvenes Luke y Anakin, antes de sus respectivos enfrentamientos con el lado oscuro, y humor que nos recuerda por qué nos enamorados de Han Solo.

Su misión cae, y aquí el destino tiene más que ver con el azar como ocurrió en A New Hope, en manos de Rey (Daisy Ridley), una huérfana y recolectora de basura en medio del desierto quien defiende con ferocidad a BB-8 incluso después de enterarse de la peligrosa información que carga. Más allá de las especulaciones respecto a sus posibles lazos sanguíneos con los Skywalker, Rey comparte con Leia la fuerza de voluntad y el sentido del deber, y con Luke la vocación de Jedi, pero recorre su arco en solitario, luchando contra los deseos de unirse a la tripulación del Millenium Falcon por miedo a perder de vista a su familia, cuyo paradero desconoce, aunque finalmente se apropia de su destino después de enfrentar el poder destructivo de Kylo Ren (Adam Driver) y perfilarse como la única capaz de contrarrestar su fuerza. Una heroína a la altura de lo que la galaxia necesita y los fans merecemos.

Quien cuenta con la ayuda del personaje más extraviado de todos, Finn (John Boyega), un ex stormtrooper que recién comienza a explorarse a sí mismo. El viaje de Finn es de los más emotivos sin caer en sentimentalismos, un joven que habiendo sido arrancado desde su hogar de niño, privado de su individualidad y criado para ser soldado reacciona frente al horror de la masacre con un momento de lucidez que le permite escapar, pero tal y como prueban los episodios más oscuros de nuestra historia, cuando somos sometidos a condiciones infrahumanas desprendidos de toda dignidad, no hay lugar para heroísmos, sólo la preocupación por la propia sobrevivencia. Del mismo modo, Finn se resiste a formar parte de la rebelión hasta el final, e incluso instrumentaliza a Dameron y a Rey para escapar lo más lejos posible de las fuerzas del Snoke (Andy Serkis), gestos que parecen cobardes pero se justifican completamente viniendo de alguien que ha vivido prácticamente toda su vida bajo dichas condiciones. Es sólo después de recobrar su humanidad, después de que Poe le da un nombre y que construye lazos con él y con Rey que es capaz de sobreponerse al pánico y luchar, sólo a condición de recuperar su dignidad humana nace el héroe (cómo no querer acompañarlo en el resto de su cruzada). En poco más de dos horas encuentra un hermano, una amiga/interés romántico y una figura paternal en Han Solo quien, avezado en el arte del romance, le advierte de su ingenuidad al respecto.

Algunas cosas nunca cambian.
Algunas cosas nunca cambian.

Y por último Kylo Ren, otrora Ben Solo, quien ya sabíamos intentaría continuar la obra de Darth Vader, y que por lo mismo guarda similitudes con los últimos años de Anakin. Pero desde el principio se nos deja en claro que su transformación en Kylo no es del todo completa, que aún está en proceso de probar a sí mismo y a Snoke (de quien no se nos revela casi nada) el alcance de su lealtad y sus facultades. Aunque es interesante que optara por continuar el legado de la parte equivocada del árbol genealógico, lo más atractivo del personaje es la metáfora de la máscara. Vader se convirtió en la máscara que usaba por necesidad, literalmente no podría vivir sin ella, Kylo se esconde desesperadamente detrás de la suya intentando borrar, esperemos que en vano, todo rasgo de su ascendencia por parte de su padre, todo lo que hay en su ADN de los líderes rebeldes. 

Además de la potencial reconversión de Kylo, existen otros personajes de los que no logramos saber demasiado pero sobre los que seguramente estaremos especulando a la espera de la próxima entrega. Personajes como los interpretados por Lupita Nyong´o, Max von Sydow, Gwendoline Christie y el propio Líder Supremo Snoke.

Insignias y ejércitos.
Insignias y ejércitos.

Y tercero, su capacidad de construir un puente que une ambos tiempos. En poco más de tres décadas la revolución digital ha generado grandes transformaciones no sólo en el modo de producir sino también en el de consumir productos de entretenimiento. La revolución de los dispositivos individuales y el streaming es simultánea al creciente proceso de personalización, y a su vez testigo de la disolución de las masas en favor de los usuarios que poseen un rol más activo con los contenidos que consumen. Y aunque las cifras tienden a probar que el alcance de Star Wars no ha dejado de crecer desde fines de los 70s, los múltiples atentados terroristas y tiroteos norteamericanos demuestran también que nuestras preocupaciones son diferentes.

En este sentido, a pesar que la disciplina militar y la grandilocuencia de los símbolos del poder que acompañaron el horror de los totalitarismos hace ya medio siglo continúan formando parte central del ethos de la Primera Orden, tiene una mirada más empática hacia “el enemigo” quien ya no sólo es el héroe tentado por el lado oscuro a la cabeza del ejército sin rostro sino que nos permite empatizar -gracias a Finn- con la historia detrás de dicho cuerpo, presentándonos un enemigo que es también humano y también víctima. Una modificación aparentemente leve pero muy en sincronía con nuestro modo actual de lidiar con los conflictos internacionales que contribuye a generar una transición orgánica con lo que vimos en los episodios IV, V y VII.

Rey aprende rápido el alcance de sus habilidades.
Rey aprende rápido el alcance de sus habilidades.

Efecto potenciado por la reproducción del tono de la trilogía original que, por un lado reposa bastante en su humor, pero también en la rapidez de los sucesos sin detenerse demasiado ni sobredramatizar las dificultades ni las pérdidas. Existen muchos, quizá demasiados, aspectos de la vida de Leia, Luke y Han durante los últimos treinta años que sólo se enuncian del mismo modo en que las backstories de Rey, Poe y Finn son prácticamente inexistentes porque lo que prima es la conexión que los personajes forman entre ellos a partir del momento en que sus caminos se cruzan y el imperativo que significa tener que destruir la nueva y mejorada versión de la Death Star, la base Starkiller (nombre ya conocido pero sí, aparentemente murder corpse ya estaba ocupado) que amenaza con exterminar sus fuerzas y varios planetas. Razón por la que la dolorosa historia tras el cambio de bando de Ben, el autoexilio de Luke, la desdichada niñez de Rey y el giro que el intento de reconciliación de Solo con su hijo se pierden en el acelerado ritmo de la historia que culmina con Rey reconociendo sus nuevos poderes y enfrentando a Luke en lo que suponemos será el comienzo de su entrenamiento y el fin del ostracismo de Skywalker.

Pero ¿Logra El Despertar de La Fuerza vencer la nostalgia y emerger como digna heredera de Star Wars? me inclino a pensar que sí pero es un sentimiento que cada uno debe juzgar por sí mismo y que requiere, como quizás varios de ustedes ya sabrán, de más de un visionado. Al final lo cierto es que la película logra entretener y emocionar al tiempo que presenta un universo ajeno para algunos, generando las ansias previstas para un estreno de su magnitud que aseguran el futuro de las producciones que le seguirán, y comprender las razones detrás de los misterios ya mencionados pero que sin embargo, posee personajes e historias que le otorgan un valor más allá de operar como mero pivote u oportunidad para nuevo merchandising, aun cuando lo sea.